Lo crucial del descubrimiento más importante del siglo en el Amazonas

“El descubrimiento de esa ciudad en el Ecuador fue espectacular”, admitió entusiasmado el arqueólogo Stéphen Rostain. “Yo que trabajo desde más de cuarenta años en la arqueología del Amazonas, no me esperaba algo tan desarrollado, tan complejo. Una modificación tan fuerte del paisaje”.

Rostain, que es director de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, se refería a una ciudad conformada por más de 6.000 plataformas distribuidas en patrones geométricos, con plazas monumentales y calles que conectaban también con extensos campos agrícolas con terrazas y sistemas de drenaje. Una de las características más notables de este lugar es un complejo sistema de caminos anchos y rectos que cubren decenas de kilómetros para unir varios centros urbanos. “Tales desarrollos tempranos en el Alto Amazonas son comparables con los sistemas urbanos mayas, recientemente destacados en México y Guatemala”, dice la revista Science al reseñar el hallazgo.

El descubrimiento de esta ciudad en el Valle Upano del Ecuador que se anunció en enero, fue el resultado de un proceso paulatino de rastreo de años con tecnología LIDAR (Light Detection and Ranging). Se estima que la ocupación de ese asentamiento ocurrió en un período que abarca entre el 500 AC, hasta los años 300 a 600 de nuestra era, por lo que precede por mucho a Machu Picchu que es de 1420 y es más o menos contemporáneo al comienzo de la cultura teotihuacana de México hace 2.220 años.

Este es, sin duda, uno de los hallazgos más importantes sobre el Amazonas. “Hasta los años 80 la idea era que los habitantes de la selva eran medio salvajes, viviendo en pequeños grupos seminómadas, buscando qué comer. El problema es que los arqueólogos tenían también esta imagen”, dijo Rostain.

Los prejuicios realmente complicaron la intepretación de la historia de la región. Por siglos se pensó que el Amazonas había sido una barrera infranqueable para los primeros humanos colonizadores que venían desde Beringia en el norte y que por ello, siempre había estado poblado por grupos pequeños y aislados. El descbrimiento de Rostain muestra claramente que eso no fue cierto. “Lo que hacían era comparar: si viven así hoy en día, siempre han vivido así”.

El hallazgo también le puso más peso a la idea de que el despoblamiento amazónico ocurrió, en cambio, por una catástrofe. La del contacto con los virus y las enfermedades traídas de Europa por los conquistadores. Para otras regiones americanas se sabe que el 85% de la población desapareció por epidemias. El error estuvo en creer que eso no había ocurrido en la amazonía.

Ver con ojos nuevos

En el sitio del Valle del Upano ahora viene una tarea de reconstrucción apasionante y muy difícil. No solo de reparar muros y caminos, sino de reconstruir la historia. Esto empieza por reconocer, afirma el arqueólogo, que las sociedades que existían antes de la llegada de los europeos eran muy diferentes de las de hoy.

“Si vas a los Andes y ves un campesino quechua hoy, no lo vas a comparar con un inca o un mochica. Vas a ver que hay una diferencia. Porque conocemos algo de la arqueología inca y mochica, sabes que no puedes compararlos. No tendría razón de ser”.

El trabajo está entonces en “hacer el esfuerzo de pensar diferente a los grupos antiguos, como lo hacemos en los Andes o cómo lo hacemos con los mayas. Si comparas a un campesino maya hoy en día no tiene nada que ver con los mayas de antes”.

Ese es un ejercicio que Stéphen Rostain ha hecho desde los 80, cuando escribía su tesis doctoral en la Guyana Francesa. “Empecé a pensar diferente, a no buscar tanto los textos de cerámica, sino rasgos y huellas en el paisaje”.

Por fortuna, otros colegas siguieron la misma senda. “Ahí cambió radicalmente nuestra visión del pasado, porque en el paisaje hemos encontrado pruebas de una ocupación y una interacción muy fuerte, antes de llegada de los europeos, que no ha dejado nada en la historia porque antes no buscábamos eso. Desde el inicio del milenio hemos encontrado bastantes cosas”.

Ahora son muchos más mirando el terreno. “Cuando empecé en el 85 había como diez o quince arqueólogos en la Amazonía. Ahora somos 200 algo así”.

Un buen ejemplo de la dimensión enorme de lo que se sabe hoy en día, lo da la cantidad de especies vegetales domesticadas en la amazonia. “Si hay dos especies en en México, cuatro o  cinco en los Andes, en la amazonia hay casi 150 especies domesticadas”, dijo. Los precolombinos seguramente cambiaron la cobertura vegetal de la Amazonia. “No en todos lados pero hay lugares que evidencian esta modificación en la vegetación hasta hoy”.

Otro ejemplo está en las ‘terras pretas’, tierras oscuras y muy fértles, que son vestigios de ciudades grandes, especialmente a lo largo del Amazonas. “Son las huellas de esas ciudades”.

Otro más son obras en tierra, parecidas a los que se encuentan en Bolivia. Son montículos gigantes, que servían como caminos elevados y en ocasiones encerraban lagos para pescar, explicó el descubridor.

Son temas enormes. “No son ciudades, pero casi”, ilustró Rostain.

La nueva historia del Amazonas

Los primeros pobladores llegaron al Amazonas al menos hace 14.000 años. “Esos sí fueron nómadas y cazadores”.

La ciudad en el Valle del Upano ocurrió después de un desarrollo social y político de milenios. 1.000 o 2.000 añoa antes de nuestra era, algunos grupos se organizan en pueblos grandes que convirtieron en ciudades “Este es un desarrollo general en las Américas porque lo encontramos también en Mesoamérica. Los mayas empiezan a hacer ciudades en esa época”.

Al lado de estos hechos, aún falta reescribir la narración de lo que pasó en América. Stéphen Rostain estará ocupado todo este año en documentar lo encontrado en el Upano, pero también está escribiendo un libro con una nueva historia precolombina del Amazonas.

No solo rellenará vacíos en las crónicas y corregirá errores con los resultados de sus investigaciones. Su libro lo escribe con un indígena para tener su testimonio y su perspectiva.”Estoy tratando de construir una historia no solamente ‘blanca’, no solamente con la visión de los conquistadores, sino también con la visión indígena, que tiene su pertinencia, que conoce mucho más el medio ambiente. Nosotros estamos aquí solamente desde hace 15 años, ellos viven ahí desde hace más de de 13.000 años”.

Su historia del Amazonas añadirá una pieza virtualmente desconocida al rompecabezas del desarrollo humano y enmendará problemas de siglos de prejuicios. “Como se presenta al indígena en los manuales escolares de historia antigua es terrible. Se habla un poquito de los incas sí, pero después de que pierden la guerra no aparecen más”.

Entonces su labor va más allá de la de un cronista científico. “Trato de cambiar una visión un poquito arrogante, occidental”.

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