Democracia y libertad de expresión en retroceso en América Latina

Por Andrés Rugeles*

La libertad de expresión en América Latina está bajo asalto, así como la integridad de los periodistas. Los hechos ocurridos en algunos países de la región no son casos aislados. Existe un patrón sistemático en detrimento de la libertad de expresión que menoscaba las bases de la democracia liberal y de sociedades abiertas y plurales.

El 2022 fue el año más violento en las últimas dos décadas para la prensa en América Latina y el Caribe, así lo constatan la Relatoría para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el balance realizado por siete organizaciones que defienden las libertades de prensa y expresión, entre ellas la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

En la región se registraron homicidios, exilios, encarcelamientos, desapariciones y diversos medios fueron forzados a cerrar. Cualquier parecido a un campo de guerra, sería pura casualidad. De hecho, el índice de asesinatos de informadores en América Latina es equivalente al de los países en conflicto como Ucrania.

La reciente clasificación mundial de la libertad de prensa, elaborada por Reporteros Sin Fronteras (RSF), ilustra que ningún país de la región goza plenamente de este derecho y llama la atención sobre la creciente animadversión hacia los periodistas en las redes sociales y en el mundo no virtual. A su vez,  sus informes revelan un doble fenómeno: la polarización mediática que crea fracturas dentro de los países y la polarización entre los Estados, a escala internacional, entre regímenes democráticos y autocráticos.

Como si fuera poco, a esto debemos sumarle un entorno polarizado y tóxico, el surgimiento de populismos caudillistas, las campañas de difamación (“industrias del engaño”), la estigmatización, la manipulación, los obstáculos para acceder a la información, el acoso en línea -especialmente a las mujeres periodistas-, los ataques judiciales, la impunidad, la persecución económica y fiscal y el deterioro de las condiciones de trabajo.

Ahora bien, éste es el síntoma de una enfermedad aún mayor. La democracia a nivel global y la de América Latina están en declive y acompañadas de la profundización del autoritarismo. Los estudios y datos de IDEA Internacional, el Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo y la Unidad de Inteligencia de The Economist así lo ratifican. La calidad democrática de la región retrocedió por séptimo año consecutivo y el 45 % de la población vive bajo un régimen híbrido o autoritario.

La más reciente encuesta de opinión de Latinobarómetro (julio 2023) deja en claro que América Latina se encuentra bajo un proceso de “recesión” democrática y es cada vez más más vulnerable a los populismos y regímenes no democráticos. Los números son contundentes y no dejan espacio a titubeos. En efecto, sólo el 48% de la población apoya la democracia; los jóvenes (43%) son los que menos entusiastas con esta forma de gobierno; la insatisfacción de la la población con los resultados de la democracia alcanza el 69%; y, en caso de dificultades, el 36% considera aceptable que el presidente de la república controle los medios de comunicación.

Esta situación debe ser motivo de una profunda reflexión. Es un problema que le atañe a todos y pone de por medio nuestro contrato social y la vigencia de la democracia hacia futuro. Por lo tanto, requiere -más que diagnósticos- una  acción inmediata y políticas públicas para poner freno a los abusos y a la trasgresión de límites inquebrantables.

A continuación se plantean algunas reflexiones sobre la materia:

  1. Democracia y libertad de prensa: Son dos elementos inseparables. La libertad de prensa se constituye en un pilar fundamental para la democracia, la justicia y el desarrollo. Sin esta, es imposible sostener un debate diverso e informado que interpele al poder con la verdad, promueva la protección de los denunciantes y proteja los derechos humanos. La democracia requiere acceso a información transparente y fidedigna.
  2. Sociedades abiertas: Las agendas de libertad, verdad y transparencia hacen parte intrínseca de los regímenes democráticos y de sociedades abiertas. Son valores que aseguran la convivencia y cohesión social.  El filósofo austríaco Karl Popper lo dejó claro en su obra “La sociedad abierta y sus enemigos”, al señalar que la libertad de expresión es un derecho de toda comunidad. La participación de la ciudadanía en la toma de decisión es fundamental.
  3. Periodismo como bien público global: La información debe tener el carácter de bien público global, bajo los atributos de ser gratuita, plural e independiente según lo establecido por la UNESCO.  Esta concepción no sólo es la precondición para democracias saludables, sino también asegura diálogos abiertos y canales de entendimiento dentro y entre sociedades. Asimismo, realza el valor de verificar la información y discernir contenidos que sean dañinos. En otras palabras, se requiere más y mejor periodismo. La confianza está el centro de la discusión.
  4. Medios independientes: Es de vital importancia asegurar la independencia de los medios de comunicación, con el fin de brindar información objetiva y veraz, así como garantizar su viabilidad y continuidad ante los nuevos retos de la revolución digital. En efecto, el número de usuarios de redes sociales pasó de 2.300 millones en 2016 a 4.200 millones en 2021, la circulación de noticias digitales diarias se multiplicará más de 2.5 veces entre 2016 y 2024, mientras que la publicidad pagada en los periódicos globales se redujo a la mitad en los últimos 5 años.
  5. Regulación: La expansión de los medios y las tecnologías digitales -incluyendo la inteligencia artificial- ha creado nuevos frentes para la defensa de la libertad de expresión. Con el fin de alcanzar una mayor transparencia en las plataformas en línea se requiere cierta regulación pero no censura. El objetivo es proteger la libertad de expresión, luchar contra la desinformación y el discurso de odio. Asimismo, se necesitan normas y leyes que garanticen que la inteligencia artificial respete las libertades fundamentales, los derechos humanos y la sostenibilidad ambiental.

Comentarios finales

El nuevo mundo digital y de “policrisis” en el que vivimos requiere firmeza en la defensa de la libertad de expresión y el establecimiento de un frente común entorno a la promoción de debates plurales y abiertos, una sociedad civil empoderada y dinámica, y una democracia sólida como mejor antídoto ante las autocracias, populismos y fundamentalismos.      

La apuesta es lograr la transición hacia sociedades cada vez más abiertas que garanticen la triada de libertades y derechos fundamentales, convivencia pacífica y el valor de la ética, y respeto irrestricto de la ley.

Estamos, en síntesis, en la obligación de proteger -tal como lo ha subrayado Chris Patten, rector de la Universidad de Oxford, en su reciente artículo “La Verdad y la Democracia”- los valores fundamentales, así como los controles y equilibrios institucionales e intelectuales para asegurar la confianza y la integridad del tejido democrático de nuestras sociedades.

Las letras libres y democráticas de la región tienen vida propia. Nunca podrán ser silenciadas.

*Andrés Rugeles, es Visiting Fellow de la Universidad de Oxford y Miembro del Advisory Board de la Unidad del Sur Global del LSE.

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