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Cómo hacer una revolución agrícola

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El presidente del Banco de Desarrollo de América Latina CAF explica cómo lo hizo Perú y cómo hacerlo en otros lugares.

“Entre 2006 y 2011 la pobreza se redujo (en Perú) cuatro puntos porcentuales por año. Y básicamente la gran explicación fue el sector agroexportador”, afirmó Luis Carranza, presidente del Banco de Desarrollo de América Latina CAF, en la sesión de instalación de la Primera Cumbre Rural a la que convocó la revista colombiana Semana y en la que Latin Trade fue aliado de medios.

No deja de ser un resultado inesperado porque la agricultura, como lo señaló Carranza, es una actividad particularmente inestable que depende del clima y de los mercados internacionales. Lo que ocurrió en Perú fue un gran aumento de la productividad agrícola.

La minería peruana tenía una productividad por empleado alta (cada trabajador producía 367.000 soles) pero solo 1% del empleo del país. En el otro extremo estaba el sector agropecuario con la productividad más baja (4.400 soles por empleado). “En el sector agro trabajaban uno de cada tres peruanos, pero tenía 81 veces menos productividad que la minería”, explicó el presidente del Banco.

En 2018 el empleo en minería seguía siendo cerca del 1%. Mientras tanto, en el sector agropecuario se redujo a “uno de cada cuatro peruanos”, señaló. Si bien en términos absolutos el empleo agropecuario no disminuyó – se mantuvo con cerca de 4 millones de personas – se produjo una transformación fundamental dentro del sector. Algunos empleados en la agricultura tradicional de pequeña escala pasaron a trabajar en explotaciones agrícolas modernas de gran escala.

Solo se movieron 300.000 personas, pero aquello fue suficiente para que la productividad del sector creciera 76%.

La generación de empleo vino, dijo Carranza, por el lado de los empleos inducidos en otros sectores, en especial el de servicios. “Un trabajador que estaba aislado a 4.000 metros de altura pasó a la costa con un salario, seguridad social, acceso a escuelas, salud y empezó a comprar bienes y servicios. Entonces el sector servicios, que es un sector no transable, empezó a crecer de una manera significativa”. Con la nueva demanda, los servicios mejoran sus costos y también aumentaron su productividad. “El 76% por coincidencia”.

“Este es el factor fundamental que explica por qué Perú creció por encima de Colombia entre 2% y 3% hasta hace poco”, concluyó Carranza.

La descripción del milagro

El crecimiento de la productividad en el campo le permitió a Perú convertirse en un gran exportador. En los años 90 el sector agro representaba muy poco de las exportaciones totales, dijo Carranza. Su participación fue en aumento. En 2000 hizo el 5,7% de las exportaciones y en 2018 el 12,1%. “El cobre aumentó dos veces su producción y tres veces su precio, pero hemos tenido un crecimiento más significativo en las exportaciones del sector agro”, afirmó.

En términos de productos, los tradicionales fueron reemplazados por otros nuevos como la uva, la palta (aguacate), espárrago y mango. “Es impresionante ver cómo este empresario schumpeteriano empieza a experimentar con diferentes cultivos que antes no lo hacía. El espárrago fue el cultivo inicial en los años noventa pero después empezaron a salir una serie de cultivos distintos en función de la inteligencia comercial que estas empresas generaban”, explicó. En la misma línea, espera que el arándano sea el producto estrella de los próximos años.

El ejecutivo también destacó cómo el proceso también generó una fuerte diversificación de mercados. México, por ejemplo, está muy concentrado en palta y en el mercado norteamericano. España en uvas para el Reino Unido. En el caso peruano hay una gran diversificación global en el que hay cinco destinos fuertes.

De otra parte, en 2000 Perú tenía 18 empresas que exportaban más de US$50 millones anuales. Todas ellas eran extractivas, principalmente en minería. En 2017 ya había 111. “Más de la mitad no tienen nada que ver con industrias extractivas. Hay textiles, químicos, metalmecánicos, pero hay un fuerte crecimiento de las empresas de agroexportación”, afirmó. En 2017 había 14 firmas agrícolas no tradicionales con exportaciones de más de US$50 millones y cinco de ellas vendían más de US$100 millones.

Finalmente mostró cómo la flexibilidad laboral facilitó un fuerte crecimiento del empleo. “(Los trabajadores) tienen vacaciones, seguridad social con todos los beneficios. Pero si se cae la demanda, no son un costo fijo para estas empresas”. No solo creció el empleo sino que aumentó el salario. “El salario creció fuertemente por encima de la Remuneración Mínima Vital”, señaló. Mientras que la RMV aumentó 125% entre 2000 y 2017, el salario en las empresas agrícolas creció 160%.

La pieza fundamental de la revolución agrícola peruana, que es ahora el motor del crecimiento económico de ese país, está en haber modernizado una pequeña parte de su agricultura. El sector moderno del campo peruano tiene tres veces la productividad del tradicional (15.000 soles por trabajador contra 5.000 soles en 2017). La enorme transformación de la economía se hizo entonces solo modernizando 183.000 hectáreas, esto es el 4,4% de los 4,1 millones de hectáreas que componen el área agrícola cultivada total.

Comparó esa situación con la de algunos de sus vecinos. Colombia tiene 40 millones de hectáreas aptas para la agricultura y genera el 16% del empleo está en esta actividad. Del área total, podría irrigar 16 millones de hectáreas, pero efectivamente solo irriga 1 millón, el 7%. El riego es la clave para la modernización agrícola.  Así lo demuestran Chile y México que riegan el 40% y el 66% del área potencial respectivamente.

En los próximos años Perú pretende irrigar 259.000 hectáreas adicionales a las 183.000 que ya tiene mejoradas, y con ello añadir 2 millones de puestos de trabajo nuevos entre empleo directo e indirecto, dijo Luis Carranza.

Lo que se requiere para producir una revolución verde como la peruana, en otros lugares de la región, es una fuerte voluntad política para hacer inversiones que se requieren y promover acceso a nuevos mercados. Los tratados de libre comercio no son suficientes para abrir mercados. “Se debe avanzar en temas sanitarios y regulatorios que hacen efectiva la entrada a los países”, concluyó Luis Carranza.

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