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El riesgo de un “selfie” en Davos

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La presidenta Dilma se subirá a la plataforma de Foro Económico Mundial el próximo viernes. Ella tendrá media hora para incentivar los corazones y las mentes de los inversionistas quienes recientemente se han sentido decepcionados con la perspectiva de corto de plazo de Brasil.

Aun así, ella puede empeorar las cosas. Hacer un “selfie” podría ser suficiente, como un largo discurso autocomplaciente mencionando los “logros” de los gobiernos sucesivos del PT.

Cuarenta jefes de estado están viajando a Davos, así como cerca de 3.000 ejecutivos, periodistas y burócratas de todo el mundo que también se unirán. Si Dilma usa esta oportunidad simplemente para presentar la visión rosa que usualmente se dirige al electorado brasileño, su intento en los Alpes será contraproducente y no servirá al interés nacional.

En 2002 Lula todavía era un desconocido y la perspectiva de su elección desencadenó cierto “miedo de Brasil”. Entonces en 2010, el crecimiento económico alcanzó el 7,5% y la perspectiva de los acontecimientos en el césped de Brasil (como la Copa Mundial y los Olímpicos) llevaron a una especie de “manía por Brasil”.

Pero hoy el sentimiento dominante es “apatía por Brasil”. De acuerdo con el Banco Mundial, creceremos menos que el promedio global en 2014. Estaremos rezagados frente a todos los mercados emergentes, a excepción de Irán y Egipto. No estamos hablando de un colapso económico. Pero nada parece posible para levantar el crecimiento más allá del nivel vegetativo de 2% por año.

La posibilidad de otro discurso “selfie” es alta. El mensaje que la presidenta dará posiblemente será un “fondue” entre la presentación autista que hizo en Goldman Sachs en septiembre y su mensaje [presidencial] idílico de fin de año.

Durante el primer evento, Se le dijo a Wall Street que Brasil está poniendo en marcha el “programa de concesiones más grande del mundo” y que su política industrial “se enfoca en innovación y desarrollo tecnológico”. Y en la segunda, los brasileños nos enteramos de que nuestros estándares de vida “siguen mejorando” en 2014.

Pero Davos es una historia diferente. La gente allá hace comparaciones. Brasil luce mucho mejor cuando se compara con su propio pasado, pero menos frente a sus primos latinoamericanos de la Alianza del Pacífico (México, Chile, Colombia y Perú).

El problema es que Davos está lleno de guerreros psico. El foro empieza dos días antes de que la presidenta hable el viernes. Para entonces miles de participantes ya habrán sido bombardeados con análisis que explican que “los países ricos están surgiendo”.

Estados Unidos, Europa y Japón experimentarán crecimiento y esto no es necesariamente una buena noticia para países como Brasil que estaban esperando el declive del capitalismo interdependiente.

La Planalto [la presidencia de Brasil] asume que la sola presencia de Dilma ayudará a la renovación de la confianza en Brasil. El mensajero sería más importante que el mensaje mismo. Tales expectativas son un error.

Un presidente leyendo muy serio un “selfie” prefabricado como un robot no hará que la gente cambie de opinión. Lo que podría tener un impacto positivo sería hablar de forma natural e improvisando, mirando la audiencia a los ojos, mostrando compromiso con las reformas estructurales, reconectándose con la globalización, diciendo que no se permitirá que el país vaya hacia atrás. ¿La presidenta asumirá esa postura y esa visión?

En 2010, después de que Lula fue apodado "mi hombre" [por Obama], desafió a Davos: "No hay evidencia de que la crisis ha contribuido a repensar el orden económico mundial."

Esperemos que Dilma emitirá señales de que el nuevo orden económico mundial le permitirá a Brasil pensar de nuevo y reposicionarse.

 mt2792@columbia.edu

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