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Agua para el hemisferio

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Una megatendencia de negocios: cambio en el manejo del agua. Qué se ha hecho y qué se debe hacer en la región para gestionar de mejor forma el agua. Los programas más eficientes de administración y recursos para proyectos hídricos.

Con 609 millones de habitantes, una proyección de crecimiento demográfico que se eleva a 750 millones en el 2050 y el avance acelerado de la urbanización e industrialización en la región, el agua ya es un tema en la agenda política de América Latina.

 Así lo consideran también el BID y el Banco Mundial que desde hace varios años tienen programas de financiamiento y de estudio específicos para mejorar el aprovechamiento del recurso en la región.

 En América Latina “hay ejemplos de países que están bastante avanzados en lo que hace al manejo del agua”, dice Karin Kemper, economista especializada en gestión de agua y gerente de Medio Ambiente y Recursos Hídricos para América Latina y el Caribe del Banco Mundial.  Es más,  “otros países miran a América Latina para aprender”, agrega.

 Kemper, que ha hecho su doctorado en gestión de agua en Brasil, destaca el manejo que hace el gigante sudamericano de sus cuencas hídricas. “Desde hace casi 15 años han construido una forma de manejo participativo a nivel de cuenca que es un ejemplo para el mundo”, sostiene.  Lo que destaca de la experiencia brasileña es que en cada región hay una administración conjunta de los usuarios (integrada por productores, consumidores, empresas de agua, autoridades del estado o la nación) que, de forma participativa, deciden el mejor aprovechamiento del agua.  “Hay una ley federal y leyes de los estados que tratan de organizar el manejo de la cuencas según los diferentes grupos de usuarios. Si tienes un río que corre solamente por un estado, el Estado es responsable de ese río pero si la cuenca del río pasa por lo menos por dos estados, entonces esa cuenca es federal”, explica. Y agrega que ese sistema de administración, con los estados de Ceará y Sao Paulo como pioneros, ha resultado ser transparente y exitosa.

 Kemper menciona como otros ejemplos de buena administración del agua a México, que tiene unos seis millones de hectáreas bajo riego. “No hay tantos países que tengan un área regada tan grande”, dice. Y otro de los ejemplos que aporta es el de Perú, cuya buena gestión del agua en las zonas de cultivo contribuyó a impulsar las exportaciones.

 Reservas

 En la actualidad América Latina cuenta con una buena disponibilidad de agua por habitante: casi cinco veces superior al promedio mundial. Pero los expertos coinciden en que, más allá de los ejemplos exitosos, hay disparidad en la gestión del agua en los distintos países latinoamericanos y aún en distintas regiones dentro de un mismo país.

 Andrei Jouravlev, oficial de Asuntos Económicos de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de la CEPAL, opina para optimizar el uso del agua en la región se requieren buenos sistemas institucionales de gestión (leyes, reglamentos, agencias, personal calificado, etc.)  e inversión en construcción, operación y mantenimiento de infraestructura.

 “La región ha avanzado en las últimas décadas”, dice. “Pero todavía presenta grandes carencias. Los sistemas institucionales de gestión son normalmente débiles, desfinanciados, con información deficiente, grandes limitaciones en la capacidad de control y fiscalización, etc y existe un gran déficit de infraestructura”, explica a Latin Trade.

 Según sus estadísticas, más de 32 millones de personas en América Latina aún no tienen acceso al agua potable, casi 121 millones no cuentan con obras de saneamiento básico (cloacas) y más del 70 por ciento de las aguas servidas urbanas se descargan en cursos de agua cercanos sin tratamiento alguno causando graves problemas de contaminación hídrica.

El cambio climático también tendrá un impacto negativo sobre las reservas de agua. “Uno ya puede imaginarse los futuros escenarios”, dice Kemper. Y alerta sobre la situación de los glaciares, otrora considerados el reservorio de agua dulce de esta parte del mundo. Los glaciares de las altas cumbres andinas están retrocediendo por efecto del calentamiento global, y en zonas desérticas o de inundación se están profundizando esos rasgos.  “Hay que acelerar las mejoras, porque no tenemos tanto tiempo como se pensaba”, concluye Kemper.

 Infraestructura

 Para Jouravlev resta mucho trabajo por delante en lo que hace gestión de agua en América Latina. “Hay un déficit general de infraestructura que tomará muchas décadas superar”, dice y menciona tanto a la falta de obras como el mal mantenimiento de las ya existentes.

 “En la región hay un déficit tremendo de todo tipo de obras, servicios de agua potable, saneamiento, tratamiento de aguas servidas, represas, plantas hidroeléctricas, redes hidrométricas, y uno puede seguir y seguir”, dice a Latin Trade. “Un solo ejemplo: la capacidad de regulación de caudal (capacidad de almacenamiento en embalses como porcentaje de caudal disponible) es casi 30 veces menor en la región que en América del Norte”, agrega.

 Tanto el Banco Mundial como el Banco Interamericano de Desarrollo tienen programas de financiamiento de obras. Uno de esos programas, la Iniciativa de Aguas y Sanidad, fue lanzado en el 2007 y cuenta con cuatro programas específicos. Uno destinado a canalizar inversión financiera y asistencia técnica a 100 ciudades de más de 50.000 habitantes,  otro está dirigido a 3.000 comunidades rurales y aporta financiamiento para que administren sus propios sistemas de aguas corrientes y cloacas; el tercero de los programas está destinado a proteger las fuentes de agua de la contaminación y el último a mejorar la eficiencia de las empresas que administran la provisión de aguas y gestionan las aguas servidas.

 En la misma línea están los programas del Banco Mundial. La Gestión de Recursos Hídricos (WRM según sus siglas en inglés) está emergiendo como un tema candente entre los que maneja la entidad a tal punto que los fondos disponibles para proyectos en todo el mundo aumentaron de US$274 millones en el 2006 hasta US$2.000 millones en el 2011.

 No obstante, como advierte Jouravlev, “antes de invertir se requiere un análisis riguroso de costos, beneficios, impactos, sustentabilidad y resiliencia al cambio de circunstancias”.

 Kemper menciona que la tecnificación del riego en la agricultura contribuye a cuidar las reservas. Y da el caso del riego por goteo, en el que no se desaprovecha agua a diferencia de otras técnicas como la llamada irrigación por gravedad con  las típicas canaletas excavadas en la tierra en las que no sólo se pierde el agua por la evaporación sino también porque se filtra en el terreno.  Pero, por supuesto, la tecnificación del riego es costosa.

 Otra posibilidad que planea es el desarrollo de plantas más resistentes a la sequía pero que provean un mismo nivel de producción. Al requerir menos riego también contribuyen a mantener todas las fuentes de agua dulce.

 Mientras tanto, en algunos casos la propia naturaleza juega a favor. En el caso del acuífero Guaraní que cubre 1,2 millones de kilómetros cuadrados bajo la superficie de Sudamérica, su propia profundidad (en algunos casos de un kilómetro) lo protege de la sobrexplotación y de la contaminación.

 

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