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La amenaza de la minería ilegal

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La minería ilegal e informal en América del Sur representan una doble amenaza para la industria formal de la minería.

ESPECIAL LBC

Universia [email protected] 

La historia de Juan Mamani es una historia de éxito. Él comenzó a trabajar con su padre extrayendo oro de los ríos de la Amazonía en la región de Madre de Dios, en Perú, cuando tenía seis años. Su familia nunca pudo mandarlo a la escuela. Ahora, cerca de los 40 años, él es dueño de su propio equipo de minería fluvial y espera que la renta obtenida con el polvo de oro le permita mantener a su hijo de seis años en la escuela.

El éxito de Mamani tuvo lugar en medio de la tragedia. Los campamentos mineros ilegales están esparciéndose por la orilla del Amazonas creando focos de prostitución forzada y niveles astronómicos de polución. Los trabajadores trabajan en pozos de lodo contaminado y terminan el día respirando vapor de mercurio mientras purifican el oro extraído en barriles de petróleo abiertos. A pesar de tanto sufrimiento, Mamani está entre los muchos mineros que defienden esa "minería artesanal" como una de las pocas alternativas a la pobreza rural en América del Sur.

Mamani y sus compañeros representan una doble amenaza para la industria formal de la minería, en la medida en que ésta busca aumentar la producción de oro, plata y cobre. Ellos no sólo contribuyen a la fama de la minería como algo sucio y peligroso, sino también crean un desafío de relaciones públicas para las minas mayores. Además, forman un importante contingente político capaz de detener una multinacional.

Lentamente, sin embargo, empresas, organizaciones no gubernamentales y gobiernos están aprendiendo a transformar la producción mineral de empresas que operan a pequeña escala en operaciones de mayor tamaño, más fáciles de regular. Ellos trabajan con grupos numerosos de personas que excavan la cuenca del Amazonas, con los mineros que golpean la roca bruta extrayendo el oro y la plata incrustados en las montañas de los Andes, y con los pequeños mineros del desierto de Atacama, en Chile, que tienen en el cobre su sustento.

INFORMAL E ILEGAL

América del Sur está repleta de lecciones sobre empresas que trabajan con materias primas y desean cambiar. Los esfuerzos de los gobiernos para "formalizar" a los mineros han tenido como resultado diferentes grados de éxito. Las empresas privadas, aunque dependan tradicionalmente de la fuerza policial y militar para imponer sus proyectos a las comunidades locales, adoptaron en los últimos tiempos estrategias de cooperación que, a pesar de ser lentas, podrán generar relaciones más saludables que las existentes con la comunidad de mineros.

Tomándose por base el kilogramo del metal, las minas informales e ilegales son más peligrosas para el trabajador y más perjudiciales para el medio ambiente que las minas grandes, cuyo tamaño hace que se adopten con más facilidad las normas del sector. En las actividades mineras que se hacen en los ríos de la floresta tropical amazónica, las minas informales se exploran durante poco tiempo y luego se abandonan. El área de preservación en torno a la Reserva Nacional Tambopata, en Perú, una región de floresta tropical protegida, ha perdido 1.400 hectáreas en los diez meses cumplidos en septiembre debido a actividades de minería, según estudios de CICRA, sociedad de conservación y de protección del Amazonas, cuyos descubrimientos se basan en fotografías por satélite. El ministerio de la Minería de Perú informó que la región de Madre de Dios, repleta de minas ilegales, produjo 18 toneladas de oro en los primeros nueve meses de este año. Para hacerse una idea de lo que representa esta cantidad tan solo hay que mirar a la producción de Chaupiloma, la mayor mina formal del país, que es explotada por la Minera Yanacocha, empresa cuya propiedad mayoritaria está en manos de Newmont Mining, de Colorado. Chaupiloma produjo 29 toneladas de oro hasta septiembre en una propiedad de 10.000 hectáreas que explota todo el año.

Eso no significa que no existan polémicas en la minería formal. El intento de Yanacocha de construir una nueva mina —Conga— en el mismo Estado de Cajamarca donde se encuentra Chaupiloma, fue blanco de las protestas y llevó a la colocación de barreras en las carreteras. Los manifestantes dicen que la agricultura se vería perjudicada por la falta de agua, lo que llevó al presidente Ollanta Humala a declarar el estado de emergencia en la región el 5 de diciembre.

El aumento del precio del oro en los últimos cinco años ha llevado al despegue de la minería informal, otra forma de minería a pequeña escala cuyas prácticas antiguas se remontan al siglo XIX. En Colombia, los nativos de la región pasaron siglos extrayendo pepitas de oro de los Andes, generalmente sin título de posesión de tierras. Recientemente, los mineros han acudido en masa a las laderas montañosas explotadas desde hace tiempo del departamento de Antioquia, cuya capital es Medellín.

"Antioquia es el lugar más contaminado que he visto en mi vida", dice Marcello Veiga, profesor del Instituto N. B. Keevil de Ingeniería de Minas de la University of British Columbia. Los mineros de todo el país, ilegales e informales, constituyen una fuerza de 200.000 trabajadores que producen 30 toneladas de oro al año, observó Keevil en un reciente ensayo del que es coautor y publicado por el periódico Science of the Total Environment. La producción total del país es de cerca de 50 toneladas al año, según datos de la web "Sistema de Informaciones sobre Minería en Colombia" [http://tinyurl.con/d2s65lun 5].

"La minería a pequeña escala es un problema mucho mayor de lo que gran parte de las personas imagina", dice Logan Hennessy, profesor de Estudios liberales de la Universidad Provincial de San Francisco y autor de una investigación sobre ese tipo de minería en la Guyana. "Se localiza una mina de gran tamaño [...] Los riesgos son elevados, las personas están sujetas a la exposición agresiva de un derrumbamiento o de una fuga. Pero la minería a pequeña escala es un problema porque está dispersa. Pueden pasar semanas o incluso meses sin que nadie sepa de su existencia hasta ser finalmente detectada".

UNA LARGA LISTA DE PREOCUPACIONES

Hay una fiebre del oro en estos momentos en la llanura amazónica, de la Guyana a Perú. Los equipos de trabajadores usan bombas a diesel para la succión de los lechos y de los márgenes de los ríos, volcando la mezcla en diques que retienen los granos más grandes de oro. Al final del día, el oro se purifica cocinándolo en mercurio. Se usa de dos a tres gramos de mercurio por cada gramo de oro. La mayor parte de eso acaba contaminando el medio ambiente y el cuerpo de los trabajadores.

Save the Children, una ONG internacional dedicada a la lucha contra la explotación sexual, dice que en los campamentos mineros hay mucha prostitución infantil. "Está probado que eso sucede", dice Teresa Carpio, directora de la ONG en Perú. Los campamentos mineros formales casi siempre tienen servicios de protección al niño y escuelas cuyos profesores están pagados por las empresas.

Las campañas contra la minería, legal o ilegal, siempre recurren a imágenes que muestran la minería ilegal. Un vídeo contrario a la minería en Colombia, por ejemplo, muestra imágenes en la superficie de una mina y describe las condiciones de las minas informales de Antioquia mezclándolas con los problemas que tienen las minas grandes y formales. El video fue lanzado en 2010 durante un debate promovido por el Gobierno sobre el impacto medioambiental de una mina a cielo abierto propuesta por Greystar Resources, de Canadá, que acabó siendo rechazada.

Además de poner a la opinión pública en contra de la actividad minera, las minas a pequeña escala representan una amenaza para sus homólogos formales. Los últimos años, las empresas han tratado de adquirir depósitos que están siendo desde hace mucho tiempo explotados por la minería a pequeña escala en Venezuela, Colombia y Brasil en un intento de usar tecnologías modernas en depósitos de contenido reconocidamente elevado. A veces, hay resistencia por parte de los mineros que trabajan en condiciones artesanales, para los cuales la profesionalización de la actividad es un camino seguro al desempleo.

Es inútil intentar expulsar a los mineros informales. Aunque eso fuera posible, habría un aumento en el desempleo rural al mismo tiempo que eliminaría el descubrimiento de nuevos depósitos. Muchas, si no la mayor parte de las minas nuevas, están en lugares descubiertos por la exploración informal.

Tradicionalmente, las empresas en esa situación recurren a las fuerzas de seguridad del Estado para "librarse de esas personas", dice Veiga, de la University of British Columbia. En las selvas de Venezuela y de Perú, las fuerzas militares y policías hacen explotar las excavaciones y se apropian de la maquinaria pesada. Pero las fronteras porosas, florestas espesas y el precio del oro por encima de US$ 1.500 la onza hacen que esos éxitos sean efímeros. El año pasado, Perú anunció que había acabado con las excavaciones en el río Madre de Dios. Algunas semanas más tarde, por lo menos una dragadora estaba trabajando en el río. Este año, las fuerzas militares retornaron y destruyeron otras 75 embarcaciones.

Otra causa perdida para los gobiernos consiste en conceder a los mineros títulos de tierras con la esperanza de que los vendan a una empresa mayor y más permeable a la regulación. "Los gobiernos intentan llevar a los trabajadores a la formalidad", dice Veiga. "¿Cómo se hace eso? Ellos no tienen educación, son ignorantes y carecen de orientación técnica. El Gobierno busca darles títulos para que puedan negociarlos con las grandes mineras. Sería preciso de entrada educar y organizar a esas personas." No se acabará con la minería artesanal porque el trabajador de ese segmento no tiene conocimiento sobre otro tipo de empleo. Los que aceptan vender probablemente volverán a la minería a pequeña escala en otro lugar.

Las empresas tienen un historial heterogéneo de buenas relaciones con la comunidad. Pero algunas mineras de pequeño tamaño están intentando negociar con los mineros del segmento artesanal, en vez de desalojarlos. Ejemplo: Gran Colombia Gold, otra empresa minera canadiense, está negociando con las mineras de pequeño tamaño. En la localidad de Frontino, los trabajadores trabajaron durante años de forma clandestina para una minera, vendiéndole luego la producción del día. Este año, esas mineras artesanales, junto con algunos trabajadores de las empresas formales, se quedaron muy preocupados por la posibilidad de que hubiera despidos masivos y protestaron. Rafael Tobon, líder del sindicato, fue asesinado el 26 de julio en el lugar donde está situada la mina. Una declaración del sindicato culpaba a "estructuras paramilitares" por la violencia.

Después de meses de negociación, los observadores esperan que la Gran Colombia llegue a un acuerdo con los trabajadores locales a principios de 2012, dice Gabrial Bayona, analista de recursos naturales de Interbolsa, una empresa de servicios de corretaje de Medellín. "Ellos están trabajando para buscar la cooperación", dice. "Saben que no pueden simplemente obligar a la comunidad a salir de allí". La Gran Colombia no respondió a una llamada para pronunciarse sobre la situación.

Pero las relaciones de Gran Colombia con la comunidad son, a veces, tensas. La empresa dijo que el campamento de Mazamorras, en Colombia, había sido quemado en octubre. Relatos locales indican que el incendio criminal era parte de las protestas de agricultores y nativos de la región preocupados por el hecho de que la gran empresa minera pudiera destruir su estilo de vida rural.

NUEVA APUESTA

Colossus Minerals, también canadiense, está construyendo una mina subterránea en Serra Pelada, en Brasil. Se trata de otro proyecto de iniciativa privada que ya comienza a dar sus frutos. El lugar se dividió antes en lotes de dos por tres metros cuadrados cada uno, donde 80.000 individuos excavaron uno de los depósitos de oro de superficie más ricos del mundo. La fiebre del oro allí terminó cuando el pozo excavado a mano alcanzó los 100 metros de profundidad y sus paredes ya no tenían estabilidad. Aún así, los detentores de las pequeñas concesiones continuaban exigiendo sus derechos resistiéndose, al principio, a los esfuerzos de construcción de una mina profesional en el área. Después de que Colossus adquiriera la concesión, en 2007, formó con Coomigasp una cooperativa de propietarios de lotes para la creación de una joint venture que es objeto de controversias. Algunos miembros de Coomigasp se opusieron al acuerdo, lo que provocó episodios de violencia. Con el tiempo, un 60% de lo que Colossus planeaba poseer se redujo a un 51%. Hoy, la empresa está construyendo un túnel subterráneo para dar continuidad a la explotación y ganar acceso al depósito si constatase que la mina es factible.

Mientras, en Chile, el Gobierno dice haber conseguido reducir la seguridad en el lugar de trabajo reduciendo la polución generada por las pequeñas minas del país. Las minerías chilenas trabajan con el cobre que, a diferencia del oro, requiere que sea procesado en una fábrica de capital intensivo antes de ser enviado al mercado. La estatal Enami es la única compradora de mineral de las mineras de pequeño y mediano tamaño, dice William Díaz, vicepresidente de la empresa, en su oficina en Santiago. El Estado tiene "poder suficiente para comprar a las pequeñas mineras, regularlas y supervisarlas", añadió.

Pero incluso la Enami se pelea con los mineros dedicados a la extracción de oro. "Somos muy ineficientes" tratándose de oro, admite Díaz. "El desafío consiste en construir una empresa con poder de compra que pueda aplicar reglas de seguridad al lugar de trabajo". Al mismo tiempo, no se puede forzar de forma exagerada la situación. Si un comprador estipula patrones demasiado elevados, nada impide que el vendedor lleve su oro a otro lugar, dice él.

Hay señales prometedoras. La Alianza por la Minería Responsable, una ONG cuyo objetivo es mejorar la suerte de los pequeños mineros ofreciendo entrenamiento y certificación de que el oro es producido utilizándose las mejores prácticas. En cambio, los mineros podrán ofrecer su oro a precios más elevados. El grupo está trabajando con joyeros y negociantes de oro en Londres para garantizar un mercado para el oro certificado.

Veiga está convencido de que la mejor solución es poner las empresas del sector privado a trabajar cerca de las minas informales, enseñándolas a protegerse, y también al medio ambiente, aumentando al mismo tiempo su productividad. "Las cosas van a funcionar si el sector privado crea asociaciones con esas personas. Ellos necesitan capital y asistencia técnica", dice. La práctica actual de la minería informal deja la mayor parte del oro en el cubo de la basura, dice Veiga. Con una tecnología mejor, ellas destruirían menos la floresta por la misma cantidad de oro producida.

Reeditado con el permiso de http://www.knowledge.wharton.upenn.edu - la investigación en línea y la revista de análisis de negocio de la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania.

 

 

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