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El Pais, Uruguay, August 16, 2011

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Editorial "Más de lo mismo"

Antonio Mercader

Para ciertos miembros del gobierno las políticas sociales son la principal finalidad de la política económica. Ante cualquier objeción interponen, cual si fuera un talismán, la necesidad de redistribuir. Su modelo y guía es el expresidente de Brasil, Lula da Silva, cuya aplaudida gestión se basó en la idea del reparto.

¿Alcanza con eso? Es la pregunta que cabe hacer a más de 500 días de instalado el segundo gobierno del Frente Amplio. La respuesta es que hay otros objetivos como reformar el Estado y modernizar la infraestructura del país. Sin atenderlos, no habrá progreso real que permita sustentar en el futuro las políticas sociales.

Aparte de su fe en la redistribución, algunos dirigentes frentistas parecen creer que se perpetuarán las actuales condiciones que nutren la economía nacional. Creen que se mantendrán para siempre los precios de nuestras agroexportaciones y que los inversores seguirán afluyendo a Uruguay porque no hallan mejores destinos.

Empero, la actual crispa-ción de la economía mundial debería recordarles que todo cambia y que no pueden desperdiciar la ocasión de lanzar al país hacia delante. Eso no se logra haciendo "más de lo mismo", como advierte la revis- ta estadounidense Latin Business Chronicle en un reciente artículo sobre Uruguay.

Según esa revista especializada en economía y tecnología, el gobierno de Mujica "no está haciendo nada" por aprovechar la coyuntura internacional para consolidar el desarrollo del país. No implementa reformas estructurales y se limita a continuar la política económica de sus antecesores y a beneficiarse del contexto externo favorable.

El autor del artículo, Walter T. Molano, duda incluso del éxito de la ley de participación público-privada (PPP) para obtener inversiones en sectores co-mo energía, rutas, ferrocarriles, cárceles y puertos. Su punto es que el gobierno uruguayo hace poco por aumentar la productividad y ni siquiera se atreve a modernizar sus grandes empresas públicas, ni que decir privatizarlas.

Estos comentarios del exterior deberían llamar a reflexión a quienes desde el Frente Amplio y el Pit-Cnt insisten en seguir inflando el presupuesto del Estado (incluida la planilla de funcionarios) y multiplicando generosamente las prestaciones sociales como si la bonanza fuera la regla y como si los contribuyentes uruguayos pudieran resistir ad infinitum la creciente presión fiscal.

Cuando Mujica se apresta a cumplir el primer tercio de su mandato, el aparato estatal sigue siendo ineficiente, aturden los ruidos en el interior del partido de gobierno y los potenciales inversores aún no saben a qué atenerse. Eso sucede con un gobierno que ostenta una mayoría parlamentaria que le permitiría prescindir casi totalmente de la oposición para adoptar decisiones.

Procurar la justicia social es una buena causa siempre que la respalde un aparato productivo capaz de financiarla. Ya hay inquietudes en el Brasil pos Lula para saber cómo harán para pagar la gruesa cuenta de las políticas sociales cuando la fiesta se termine. Ese es también nuestro problema aunque aquí nadie parece preocuparse por el futuro.

 

 

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