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El Heraldo, Honduras, June 4, 2008

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SocieconomíaSin brújula y sin timonel

Socieconomía
Sin brújula y sin timonel


Por: Luis Cosenza Jiménez // Ex ministro de la Presidencia

El 22 de mayo, el diario electrónico Proceso Digital informó que el semanario Latin Business Chronicle evaluó a 19 países latinoamericanos para medir su atractivo para la inversión. El semanario preparó un índice basado en la situación macroeconómica, corporativa, política, de competitividad y de avance tecnológico. Según el índice, los cinco países peor evaluados son encabezados por Venezuela, seguida de Haití, Nicaragua, Bolivia y Honduras. Hemos pasado a ser uno de los países menos atractivos para la inversión, con lo cual aseguramos un lento crecimiento de la economía y un rápido crecimiento de la pobreza.

Para crecer es menester invertir; sin embargo, esta Administración se ha dedicado a gastar. No solo ha dejado de invertir en la infraestructura social y física, sino que también en los pobres. La situación sería menos preocupante si al menos la inversión privada viniera a llenar el vacío que ha dejado la inversión pública, pero el informe de la referencia nos dice que ese no será el caso. Las políticas equivocadas del gobierno garantizan que caerá la inversión, tanto pública como privada, y como consecuencia caerá la tasa de crecimiento económico. Lo único que veremos crecer será la pobreza.

Es posible que un comerciante o un empresario diga que él ha invertido, y que sus negocios marchan bien, así que la falta de inversión de otros no le preocupa. Sin embargo, el comerciante o el empresario invierten para vivir mejor, y eso no será posible si tenemos una sociedad fracturada. La cohesión social es requisito para la paz, y el empleo, el crecimiento, y el desarrollo económico son requisitos para la cohesión social. Resulta por tanto que aún para quienes ya invirtieron y reciben los frutos de sus esfuerzos, es importante que se siga invirtiendo en el país. De otra forma, es muy probable que la fortuna de hoy se convierta en el dolor de mañana.

También es posible que los empleados en la economía formal piensen que este asunto no les preocupa; después de todo, ya tienen un empleo con relativa estabilidad. Sin embargo, al haber más inversión habrá más oportunidades de empleo, lo cual quiere decir que se les podría abrir nuevos horizontes. La inversión nueva promoverá la competencia y eso llevará a la búsqueda y contratación de los mejores trabajadores, lo cual probablemente lleve a una mejoría en su sueldo. Finalmente, cuando hay más inversión, hay más competencia, y la competencia genera más productividad. El incremento en la productividad es lo que produce riqueza y solo cuando aumenta la productividad pueden aumentar los salarios, en términos reales. Cuando no hay incrementos en productividad, lo único que pueden esperar los trabajadores es que sus salarios guarden paso con la inflación; que el poder adquisitivo de su salario se mantenga y que al final del año puedan comprar lo mismo que compraban al inicio.

Claramente que esto no es lo que los trabajadores, ni la sociedad, desean. Lo deseable es que los salarios de los trabajadores aumenten en términos reales, para que al final del año puedan comprar más de lo que podían al inicio. Sin embargo, esto no es posible si no incrementa la productividad, y para esto se requiere de la competencia y la inversión. En otras palabras, la falta de inversión en nuestro país también afecta a los trabajadores que ya cuentan con un empleo en el sector formal de la economía. Por supuesto que quienes más pierden con la falta de inversión son quienes no cuentan con un empleo en el sector formal. Esas personas no ganan el salario mínimo, no gozan de vacaciones, ni de seguro social, ni de cualquier otro de los beneficios que contempla nuestra legislación.

Claramente que este es un mal que debe preocuparnos a todos, incluido el gobierno.En vista de esto, cabe preguntar porqué nos encontramos en los últimos lugares como destino para la inversión privada. Las razones son muchas, pero son encabezadas por la inseguridad que reina en el país, así como las amenazas continúas a la propiedad privada. Basta con recordar los intentos por apoderarse de las terminales de DIPPSA, así como las desafortunadas declaraciones referentes a la estatización de las centrales de generación térmica. Tampoco ayuda la falta de seriedad en el manejo de nuestra economía, particularmente en lo referente al Banco Central.

Todo esto hace suponer a los inversionistas que, como lo ha señalado el economista jefe de HSBC para América Latina, nos encaminamos a una profunda crisis. Finalmente, la actitud del Ejecutivo frente a los otros Poderes del Estado transmite un mensaje de desunión que presagia una crisis político-social. En pocas palabras, la ineptitud, la falta de seriedad, el continuo recurrir a la confrontación, al ataque y a la división que evidencia este gobierno han colocado a nuestro país en una de las peores posiciones para atraer la inversión que necesitamos para crecer y prosperar. Al final, todo indica que navegamos sin brújula y sin timonel. Los más pesimistas piensan que navegamos con una brújula defectuosa y con un timonel reaccionario, conservador y que, atado al pasado, piensa que la tierra es plana. De cualquier forma, vamos por un muy mal camino que solo logrará profundizar la pobreza.

 

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