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CubAhora, Cuba, September 4, 2007

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 A río revuelto, ganancia de inescrupulosos

ASTRID BARNET

Republicanos y demócratas son, desde 1856, las únicas fuerzas que han logrado colocar a un candidato en la Casa Blanca. Entre unos y otros han acaparado cerca de un 95 por ciento del electorado en las votaciones celebradas después de la Segunda Guerra Mundial. Tras ellos, a millones de años luz, están los terceros en discordia y los candidatos independientes. Durante años los discursos ampulosos, las diatribas publicitarias entre familias poderosas y los sonados escándalos han sido la comidilla —casi diaria—, entre los miembros de ambos partidos.

Ahora, una serie de escándalos que afectan a políticos republicanos podrían favorecer las posibilidades de los demócratas de recuperar la Casa Blanca en el año 2008. Primero, vino la revelación de que el número de teléfono del senador por Luisiana, David Vitter, figuraba en los registros de un servicio de señoritas de compañía; luego, la vivienda del senador por Alaska, Ted Stevens, fue allanada por agentes federales como parte de una investigación sobre corrupción y más recientemente, Larry Craig, senador por Idaho, enfrenta problemas tras ser descubierto en un baño de hombres durante un operativo policial encubierto, al parecer buscando relaciones sexuales con otro hombre.

Por su parte, los demócratas —muy oportunistamente—, y a partir de la recuperación de su control en el Congreso, han logrado capitalizar la reacción de repudio contra la guerra en Iraq en un gran número de votantes. Pero también han hecho campañas para poner fin a la llamada cultura de la corrupción. Y la tarea, según medios de prensa, "se ha hecho más fácil luego del arresto del ex representante republicano Bob Ney, las acusaciones contra el ex líder de la mayoría Tom Delay —denunciado por malversación de fondos de campaña—, la renuncia del ex representante por Florida Mark Foley, quien admitió enviar mensajes lascivos por correo electrónico a menores de edad".

A ellos les siguen la renuncia de Alberto Gonzales como Fiscal General de la Unión y de Karl Rove como asesor político de George W. Bush. Y, por si fuera poco, el anuncio de otra nueva bomba: el reciente escándalo sexual protagonizado por el senador republicano Larry Craig, quien en junio pasado, según informaciones, se aproximó en un baño para caballeros en el aeropuerto de Minneapolis a un policía encubierto, con la intención de entablar una relación sexual. Craig, quien votó contra el matrimonio entre personas de igual sexo, niega ahora haber tenido una conducta impropia y explicó que optó por declararse culpable en un inicio para evitar problemas mayores en el aeropuerto.

Entretanto, el vicepresidente Dick Cheney es, hasta el momento, la única personalidad de la Casa Oval con fuerza para hacerle frente a la agenda de intereses republicanos y a la imagen de su buen socio George W. —en caída casi estrepitosa—, durante los 16 meses que le quedan de mandato.

Por otra parte, es bueno observar que los aspirantes republicanos a representar a su partido en los próximos comicios presidenciales, son más favorables a un Tratado de Libre Comercio (TLC) con América Latina que sus rivales demócratas.

Un análisis realizado por el semanario Latin Business Chronicle, plantea que "una futura administración republicana podría continuar el acercamiento que realizó la gestión del presidente Bush, a los acuerdos comerciales... pero un demócrata sería más cauteloso y requeriría cláusulas adicionales en los acuerdos futuros", y refiere que candidatos republicanos como John McCain y Mitt Romney "serían los principales impulsores de la política de Bush de afianzar los tratados comerciales con los países de la región".

El senador McCain siempre ha sido partícipe de los Tratados de Libre Comercio como el NAFTA, suscrito con México y Canadá en 1993; Chile en el 2003, y con Centroamérica y República Dominicana en el 2005. También ha apoyado los tratados pendientes con Colombia, Panamá y Perú, en su objetivo de llevar adelante la consabida Área de Libre Comercio de las Américas o ALCA.

Igualmente, Mitt Romney, ex gobernador republicano de Massachusetts, ha significado en varias ocasiones su apoyo a los TLC con América Latina.

En relación con los candidatos demócratas, medios de prensa indican que Hillary Clinton es la mayor opositora de los pactos comerciales: "El CAFTA mina la protección del medio ambiente… También falla en el área de la salud pública porque afectará la capacidad de países en vías de desarrollo de obtener el acceso a medicamentos vitales a precios módicos… Los tratados comerciales no significan comercio sin reglas".

También es significativa la postura respecto a tales tratados del senador demócrata Barack Obama, quien planteó que si los demócratas asumieran el poder, "llamaría inmediatamente al presidente de México y al premier de Canadá para intentar enmendar el NAFTA, porque pienso que podemos conseguir mejores acuerdos laborales".

Ya sea uno u otro, Hillary o Barack, ambos responden a iguales intereses de poder y riqueza, sin soslayar qué acontecerá en la ocupada y destruida nación iraquí. Seguramente un gran dolor de cabeza para quien logre el sillón presidencial del país más poderoso del mundo.

En todo este gran cuadro de hechos —casi un serial de novela televisiva o culebrón—, hay que observar muy detenidamente algunas cifras dadas a conocer recientemente por la Oficina del Censo de Estados Unidos. Estas revelan que durante los primeros seis meses del presente año, "el comercio de Estados Unidos con América Latina alcanzó los 266 mil 500 millones de dólares, lo que representa un aumento de 2,7 por ciento comparado con igual período del pasado año. Al respecto, y mientras que las exportaciones estadounidenses crecieron un 4,6 por ciento, a razón de 110 mil 200 millones de dólares, las importaciones latinoamericanas cayeron un 0,5 por ciento, a razón de 156 mil 300 millones".

Sin lugar a dudas, una dura realidad dentro de un mundo donde los ricos son cada vez más ricos, en su permanente obstinación de conservar el poder político a toda costa y con el partido que mejor armonice con sus aspiraciones. Definitivamente, un gran río de intereses que espera por pescadores inescrupulosos.

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