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La Prensa, Nicaragua, May 29, 2007 (Editorial)

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Empresarios en la mira

Los empresarios privados independientes han comenzado a demostrar públicamente su preocupación por el rumbo que está siguiendo el nuevo gobierno sandinista, después de los ataques y las amenazas abiertas o veladas que han recibido de parte del presidente Daniel Ortega y altos funcionarios de su gobierno, quienes no ocultan su hostilidad hacia el sistema económico capitalista.

Específicamente, las preocupaciones de los empresarios independientes derivan de los ataques que el Presidente de la República ha hecho contra la compañía española de distribución eléctrica, Unión Fenosa, los cuales hacen temer que más temprano que tarde dicha empresa será nacionalizada y que tras ella sobrevendrá una ola de nacionalizaciones, como ha ocurrido o está ocurriendo en los países donde gobiernan los correligionarios de Daniel Ortega; es decir, Venezuela, Bolivia y Ecuador.

También las empresas petroleras han sido amenazadas de que se les va a imponer un control de precios y la intervención gubernamental en sus ganancias. Inclusive, en términos generales las empresas transnacionales son acusadas de presentar “falsos reportes de costos de operación y de ganancias” a fin de evadir el pago de impuestos, por lo cual un prominente diputado sandinista reveló que la bancada parlamentaria del FSLN está impulsando un proyecto de Ley de Precios de Transferencias, “cuyo propósito sería fiscalizar el negocio de las transnacionales”. Y a todo eso hay que agregar la reciente denuncia de que figuras representativas del partido oficialista están exigiendo coimas a empresarios privados del sector turístico.

Hechos como esos, junto con la subordinación de Nicaragua a la alianza anti capitalista internacional llamada Alba que lidera el dictador venezolano Hugo Chávez, son los que están deteriorando el clima para hacer negocios en el país, tal como lo reportó el Índice 2007 de la revista estadounidense especializada en economía, Latin Business Chronicle.

Es evidente que la “luna de miel” de los empresarios privados independientes con el gobierno de Daniel Ortega está llegando a su fin. En realidad, fueron los empresarios los que hablaron de dar un “voto de confianza” al gobierno sandinista, con la esperanza de que este no fuera a modificar las reglas del juego de la economía de libre mercado establecidas en el curso de los últimos 16 años; y que no trataría de restablecer el desorden económico anticapitalista que impuso durante los años 1979-1990. Pero la verdad es que Daniel Ortega siempre ha hablado de “reorientar” la economía nacional en función de su proyecto socioeconómico populista, de manera que no hay que sorprenderse de que quiera seguir el modelo del “socialismo siglo 21” impuesto por el dictador Hugo Chávez en Venezuela.

Ahora los empresarios privados se están dando cuenta de que no sirve de nada la política de “hacerse los muertos para que no los maten”, pues de todas maneras el gobierno de Daniel Ortega los va a atropellar en cuanto considere que ha llegado el momento oportuno, o sea cuando tenga la fuerza suficiente para hacerlo sin tener que pagar ninguna consecuencia, y aunque la pague.

Cabe señalar que una de las razones por las cuales muchos empresarios abrigaron la esperanza de que el nuevo gobierno sandinista no los molestaría, es la de que ahora los líderes del FSLN son opulentos capitalistas que operan prácticamente en todos los ámbitos de la economía nacional; y “escupen en rueda” con los capitalistas tradicionales. Y realmente es cierto que la cúpula del FSLN está controlada por poderosos capitalistas, verdaderos “oligarcas de izquierda” que saben muy bien que el fin primordial de todo empresario privado es buscar cómo obtener ganancia sobre el capital invertido.

Pero el hecho de que los más prominentes líderes sandinistas sean empresarios, no los induce necesariamente a respetar y mucho menos a promover la libre competencia capitalista. Por el contrario, a lo que los motiva su vocación autoritaria es a eliminar la competencia y a llenar ellos mismos, o con quienes se les sometan, los espacios de negocios que los empresarios independientes tengan que abandonar forzados por las presiones gubernamentales.

Los empresarios independientes tendrán que comprender que sólo luchando junto con las fuerzas democráticas —políticas y sociales— de la nación, es que podrán asegurar su existencia así como la posibilidad de seguir haciendo negocios y produciendo riqueza, para su propio provecho y para el beneficio de toda la nación.

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