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La Razon, Bolivia, May 20, 2007

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Un país invisible

Humberto Vacaflor*

Todos los sistemas de medición internacionales están ubicando a Bolivia en el último lugar para la llegada de las inversiones en América Latina. Lo dijo el Foro de las Américas y lo repiten publicaciones especializadas.

Esta realidad se presenta cuando el país necesita inversiones desesperadamente. Hay el riesgo de que las reservas de gas natural se queden sin ser explotadas y que la riqueza minera se quede estancada, cuando China ha comenzado a frenar su economía y caen los precios.

El semanario Latin Business Chronicle puso a Bolivia en el último puesto de la región al calificar el ambiente político que se necesita para atraer inversiones.

Los países vecinos han advertido esta realidad. En este momento el gas boliviano ha pasado de ser una oportunidad para los vecinos, a ser la posibilidad de un problema. Y, por supuesto, hacen lo posible por evitarlo.

Argentina ha pedido, antes de avanzar en el gasoducto para comprar 20 millones de metros cúbicos adicionales por día, que se certifiquen las reservas bolivianas, pero sólo las probadas. El país vecino no quiere lanzarse a construir un gasoducto de más de 1.000 millones de dólares para encontrarse con que en Bolivia no hay gas suficiente.

Sobre las reservas, el ministro Carlos Villegas ha dicho que llegan a 29 TCF, pero la BP, que las midió en enero, informó que sólo llegan a 24 TCF.

Pero parece que el volumen de las reservas es intrascendente. Ni son problema los 5.000 metros de profundidad a los que tienen que llegar los trépanos para encontrar el gas en Bolivia. Lo que perjudica es el clima político, la inestabilidad, la incertidumbre permanente.

Si el gobierno se calmara y dejara de hacer campaña política con las nacionalizaciones, tampoco sería suficiente para atraer inversiones, porque Bolivia entera, y no sólo su gobierno, transmite incertidumbre. Los bloqueos repentinos, que pueden interrumpir las exportaciones de los gasoductos, son el verdadero problema.

Brasil ha optado, claramente, por hacerle una cruz a la posibilidad de nuevas compras de gas boliviano. Todos los planes que se hacen, incluso para enfrentar el previsible “apagáo” del 2010, descartan la posibilidad de comprar más gas boliviano. Se analizan todas las opciones, todas, menos aumentar la compra desde Bolivia.

Del otro lado está Chile. El acercamiento diplomático podía haber dado lugar a que alguna autoridad de ese país hiciera alguna alusión a la posibilidad de comprar gas boliviano. Ni una sola palabra. La única alusión a esa posibilidad tuvo que ser hecha por el canciller David Choquehuanca, quien dijo que no había que descartarla.

Incluso Paraguay ha dejado de mencionar el deseo de comprar gas boliviano. Igual que Uruguay, cuyas autoridades ahora han recibido la buena noticia de que una de las cuatro plantas de regasificación que instalará Brasil, la más sureña, servirá también para atender la demanda del pequeño país.

Porque, en efecto, entre las posibilidades que analiza Brasil para enfrentar su creciente demanda de gas está la instalación de las plantas de regasificación que ya en abril próximo recibirán el gas natural licuado de Nigeria.

Si da la impresión de que Bolivia se hubiera hecho invisible. Ya nadie la toma en cuenta. Ni siquiera toman en cuenta el gas boliviano.

*Humberto Vacaflor G.
es periodista.

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