LOADING

Type to search

Tal Cual, Venezuela, February 26, 2007

Share
Mientras los venezolanos hacen apuestas sobre el nombre de la próxima industria nacional sometida a la forzosa expropiación pagada por gobierno, el “camarada” Mike Callahan, vicepresidente de la transnacional estadounidense Hecla Mining Co, asegura estar confiado de realizar este año una inversión por el orden de los 10 millones de dólares en su mina al sur de Venezuela. Distendido, con un tono que hace tiempo no le vemos por estos lados a ningún empresario del ruedo, el “camarada” Mike, de Hecla Mining Co, ha abierto el apetito de los inversionistas del mundo con las suculentas cifras que alcanzó su firma debido, entre otros issues, al oro venezolano. El que acaba de culminar ha sido el año fiscal más rentable en los 116 años de vida de la minera.

Pero lo sorprendente es que Mike fue más lejos y no tuvo empacho en compartir con agentes y corredores de bolsa el descubrimiento de una veta inesperada mejor que la de cualquier mineral aurífero que se precie: los de Hecla están convencidos de que el gobierno de Chávez está encantado con ellos. Tanto, que no temen que funcionario alguno de este gobierno los obligue a vender sus operaciones mineras. El oro de ellos, dicen los de Hecla, no es como el oro negro en Venezuela y la industria aurífera local no se ha desarrollado para nada. “Nosotros transferimos tecnología a Venezuela y eso es un beneficio. Sentimos que nos quieren ahí, así como también quieren más gente como nosotros”, indicó Callahan a los inversionistas.

Pero no es exclusiva esta asertividad con la que los “camaradas” estadounidenses se toman su permanencia en la Sierra de Imataca, también al Sur de Venezuela, los “camaradas” del hierro argentino están tranquilos con su inversión en Sidor, después de la visita de Kirchner a Venezuela. Amenos que la “guita” no les cuadre a los sureños, la “reestatización” de la siderúrgica de Guayana, no parece figurar en los planes de reversión de las privatizaciones emprendidas por el gobierno de Hugo Chávez, a juzgar por el apretón de manos que Paolo Roca, potentado heredero de la empresa privada Techint, recibió del comandante mismo durante una cena con empresarios argentinos que se escenificaba en Macagua.

La multimillonaria familia Roca, amiga de Kirchner y propietaria de una de las mayores transnacionales siderúrgicas del continente, se da el lujo de compartir con sus paisanos la fórmula que han descubierto en nuestra casa: “estamos agradecidos a Argentina”, le dijo a los empresarios esa noche el propio Chávez, “ustedes estuvieron con nosotros desde el primer momento”.

Pero eso no es todo, por paradójico que parezca, los “camaradas” exportadores del país de Mister Danger están haciendo su agosto con nosotros. Según análisis del Latin Business Chronicle, el olor a azufre que viene del norte nos llega en millones de toneladas de importaciones que en 2006 se incrementaron en un 14% hasta alcanzar los 37 mil 200 millones de dólares. Así que en plena guerra de verbo antiBush, Venezuela aprovecha para consolidarse como el segundo socio comercial de los norteamericanos en América Latina.

Con razón cada vez que me encuentro con un par de amigos de la izquierda irreductible me aseguran que a Chávez lo que le molestan no son los empresarios, sino que los empresarios sean venezolanos.

No le molesta el capital, sino las manos que lo construyen.

Por eso, dicen, mientras a Hecla le deja la mina “La Camorra”, a la empresa nacional sólo le da camorra.

[email protected]

To read this post, you must purchase a Latin Trade Business Intelligence Subscription.
Scroll to top of page