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Cambio, Colombia, March 16, 2007

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TAL VEZ FUE Winston Churchill el que dijo: "En la vida, a uno lo matan sólo una vez, pero en política lo pueden matar muchas veces". Se trata de una versión larga de aquello que sostiene que "en política no hay muertos". Como quiera que sea, lo cierto es que pocas personas en el mundo podrían servir como ejemplo de ambas frases. Una de ellas es el presidente del Perú, Alan García.

Hace 15 años, el hoy Primer Mandatario tuvo que exiliarse en Colombia. Acababa de dejar el poder, su popularidad estaba por los suelos, la justicia estaba a punto de perseguirlo y en su país lo consideraban un auténtico villano. Pero hoy, seis meses después de haber tomado nuevamente posesión como jefe del Estado, Alan García goza de un respaldo ciudadano tan alto que ni él mismo se soñó.

La última encuesta es impresionante. La divulgó la semana pasada Fernando Tuesta Soldevilla, director del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica del Perú. Según ella, la aprobación de Alan García alcanza el 68%, una cifra que no había conocido en este semestre. Pero lo más llamativo no es eso. Lo curioso es que entre el mes pasado y el actual la popularidad del Presidente creció nada menos que un 9%.

A algunos en Colombia podrá parecerles que esos porcentajes no tienen nada del otro mundo. El presidente Álvaro Uribe cuenta con la bendición del 73% de la gente pese a la detención del ex director del DAS, Jorge Noguera, y al arresto de varios congresistas que lo apoyan. Pero la verdad es que lograr el respaldo de siete de cada 10 ciudadanos no es cosa de poca monta en ninguna parte.

¿Cómo se explica la popularidad de Alan García? ¿Qué ha hecho que este hombre, que por muchos años fue el coco de los peruanos, se haya transformado en un presidente ejemplar para ellos? "Son gestos que la gente aprueba, como la austeridad y la puntualidad", dice Tuesta Soldevilla, que subraya un contraste con el presidente anterior: "Lo contrario de lo que sucedía con Alejandro Toledo".

Más allá de gestos, el asunto en el que Alan García se ha ganado más puntos es en la forma como ha luchado contra la corrupción. Ejemplo de ello fue la manera como manejó la crisis de la compra de 469 patrullas para la Policía. El caso fue denunciado por un programa periodístico de televisión, según el cual en el concurso público de adquisición de los vehículos de marca Hyundai se les había puesto un sobreprecio.

Ahí fue Troya. La prensa y la oposición montaron el gatillo y apuntaron directamente a la cabeza del Presidente. Pero él desbarató rápidamente la tormenta. García llamó a la ministra del Interior, Pilar Mazzetti, y le pidió la renuncia. De esa forma se quitó de encima la sospecha de que, como en su primer gobierno (1985-1990), él era blando con las licitaciones turbias.          

García no se quedó en eso nada más. Para darle una mayor transparencia a su gobierno, a principios de marzo anunció que tanto el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se encargarían de las compras estatales. "Así saldremos de este ambiente enrarecido y de la corrupción enquistada", dijo.

Otra explicación a la popularidad de García ha sido la situación económica. Tal como sostiene la Latin Business Chronicle, un portal de Internet especializado en esos temas, "el presidente García recibe buenas calificaciones de los inversionistas nacionales y extranjeros. El año pasado, el Producto Interno Bruto creció un 8% y la inflación fue del 1,1%, la más baja en América Latina". Se trata, por lo demás, del mejor resultado en cinco años.

Con todo y eso, y aunque ha tenido suerte en otros temas (ver recuadro), García no se siente satisfecho. La semana pasada, durante el lanzamiento de un programa, por el cual 500 empresarios peruanos residentes en el exterior promocionarán la industria nacional, aseguró que es una vergüenza que las exportaciones del país sean tan bajas en ciertas áreas y dijo: "El Perú crece a niveles del 7% y el 8%, pero eso no es suficiente dada nuestra capacidad productiva".

El problema es que, para alcanzar las metas que se ha trazado el presidente García, se requiere que el Congreso de Estados Unidos apruebe el Tratado de Libre Comercio suscrito entre los dos países. Pero eso, al igual que el TLC firmado por Colombia con el gobierno de George W. Bush, está en veremos.

 

LA BANDERA Y LA PESQUISA

Aparte de la buena situación económica y de los tangibles resultados en su lucha contra los corruptos, a Alan García lo han beneficiado tres cosas. La primera fue la recuperación por la Policía el 5 de marzo de la primera bandera peruana. Había sido robada el 27 de febrero del Museo de Huaura y estaba a punto de ser vendida por delincuentes comunes.

Su recuperación le sirvió al Presidente para recordar que ésa había sido la bandera histórica que imaginó José de San Martín, antes de entregársela al Instituto Nacional de Cultura.

La segunda cosa que ha favorecido a Alan García fue el archivo de la investigación que se le había abierto por la matanza de más de 200 reclusos en 1986 en la cárcel de El Frontón. Y la tercera, el enfrentamiento del Gobierno con los cocaleros que se oponen a la erradicación de cultivos, en medio del cual el Presidente no ha dado su brazo a torcer .

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