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La Tribuna, Honduras, July 27, 2006

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¿Golpe de Estado?

Oscar Antonio Oyuela

Si los que gobiernan se sinceraran con los gobernados podrían encontrar puntos de convergencia para que todos "empujáramos" en la misma dirección como ocurrió en la España pos-franquista con el Pacto de la Moncloa, o como ocurre hoy día con la administración de José Luis Zapatero admitiendo ante su pueblo las equivocaciones en que ha incurrido, porque "somos humanos" -ha dicho Zapatero- al mismo tiempo ha pedido espacio para reivindicarse, "reformándonos y perdonándonos", comprometiéndose a lograr una comunicación más fluida y sincera con el ciudadano, así ha logrado reafirmarse en el poder y fortalecer la democracia que le permiten a España insertarse en mejores condiciones en la Unión Europea.

Un gobernante incompetente, inseguro, autoritario y arrogante no es capaz de manejar los destinos de una nación, por consiguiente lo único que le espera son innumerables obstáculos a lo largo de su administración, si es que no le dan antes un golpe de Estado técnico como lo que ha ocurrido en los últimos años en congresos suramericanos. Ojalá Honduras no se sume a estas peligrosas aventuras que darían al traste con la incipiente democracia.

Chile que logró una exitosa transición de gobiernos autoritarios a democráticos se encuentra hoy entre los mejores o en el mejor lugar del continente, como consecuencia del buen liderazgo, la conducción inteligente, seria y responsable en el marco de un nuevo sistema internacional, con el protagonismo de grupos financieros e industriales y la cooperación del resto de la sociedad, es decir las relaciones se han construido sobre la base de la confianza recíproca avalado por una iglesia Católica renovada.

En Honduras la iglesia Católica en los últimos años ha hecho valiosos aportes que han contribuido a consolidar el proceso democrático, calmar los ánimos sociales caldeados por la desesperación del desempleo, falta de asistencia médica y medicinas, inseguridad de vidas y bienes, irresponsabilidades del sistema partidario cada vez más condenado y repudiado por el electorado nacional y una empresa privada timorata y tan corrupta como muchos políticos.

El Cardenal Oscar Andrés Rodríguez pareciera que no puede hacer más de lo que hasta ahora ha hecho por el país, le corresponde al actual gobierno del Partido Liberal, aprovechar todas la herramientas que a su disposición le ha puesto la alta jerarquía eclesiástica, para que pueda edificar -con todas las ayudas y condonaciones que ha recibido de la comunidad internacional- un país próspero, con menos pobres que nos permita alejarnos del vergonzoso lugar en que nos encontramos en los indicadores de desarrollo humano de los informes anuales del PNUD, más seguridad para atraer las inversiones nacionales y extranjeras, mejores condiciones tecnológicas para que Honduras no siga apareciendo como el "tercer país peor" de América Latina para negocios y el "segundo peor" en "cuanto ambiente de negocios y ambiente macroeconómico", según el Latin Business Chronicle, así como poner en marcha, mecanismos de controles y participación de técnicos de las agencias de cooperación internacional en el diseño y estrategias en políticas y programas destinados a la reducción de la pobreza.

No se puede gobernar un país con varios "presidentitos" ni tampoco con colaboradores desobedientes, incapaces, desleales y traidores, que provocan conflictos permanentes al interior del aparato estatal por las desbordantes ambiciones de poder y el empecinamiento de manejar discrecionalmente los presupuestos para enriquecimiento personal, financiar la organización y funcionamiento de cuadros departamentales y municipales de las diferentes corrientes políticas para futuras campañas, todo lo cual, trae como consecuencia lógica la desconfianza de la comunidad internacional.

No se puede concebir un Estado sin un plan nacional de desarrollo, sin una política interna y externa debidamente definida y complementaria, por eso hay razón de las consideraciones públicas formuladas por los países donantes y las agencias de cooperación internacional.

Los pugilatos internos entre secretarios de Estado, funcionarios de segunda y tercera categoría, y un presidente que no sabe mandar, hace que Honduras no sea un país serio y confiable. Los mismos liberales incorruptibles, patriotas a toda prueba, impulsadores de los más nobles principios que tiene ese partido que fundara Policarpo Bonilla, y que fueron a depositar su voto a favor de su partido para que desde el poder terminar con el desempleo, la inseguridad, la corrupción, la pobreza y miseria, hoy estos buenos liberales, están decepcionados y formulando públicamente sus cuestionamientos a los que detentan el poder.

El partido opositor se ha limitado a hacer algunas recomendaciones al gobierno liberal de no erosionar relaciones con los aliados naturales del continente especialmente el del norte donde casi un millón de hondureños trabaja para mandar dinero, remesas estas que constituyen el segundo rubro de la economía nacional.

Aunque la iglesia Católica se mantiene a prudente distancia no puede quedarse de brazos cruzados, ignorando imperiosas necesidades que demanda el pueblo hondureño, viendo con desilusión un liderazgo nacional, torpe e incapaz de adecentar los terribles males de la sociedad, desmejorado, pusilánime y hasta cómplice de todo el desastre que estamos viviendo los hondureños, en cualquiera de estos días escucharemos nuevamente la voz autorizada de la iglesia Católica a través de uno de los más brillantes líderes religiosos, el Cardenal Rodríguez, que sin duda ninguna podría constituirse en punto de convergencia de todas las fuerzas del país para que al final se dé paso a la estabilidad, la gobernabilidad y reencauzar inteligentemente los negocios de Estado ante la comunidad internacional.

La iglesia Católica constituye la última esperanza para sacarnos del atolladero en el que nos encontramos y evitar caer en la total ingobernabilidad con impredecibles consecuencias, no debemos nunca olvidar que las masas no razonan, sólo sienten los temblores en las paredes del estómago a consecuencia del hambre que se convierte en emociones desbordadas degenerando destrucción en cadena, "para una muestra un botón" -como dice el dicho popular, hace poco los taxistas (dirigidos o no) nos hicieron recordar algo de esto donde todos saldríamos perdiendo.

 

Osoy8@yahoo.com

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