LOADING

Type to search

La Prensa, Panama, Nov. 2, 2003

Share

Política exterior, clave del desarrollo

La situación de nuestro país ejemplifica con claridad que entrar en los flujos mundiales no trae consigo, automáticamente, progreso y desarrollo, reconocimiento y respetabilidad en el campo internacional

Briseida Allard 0.

Un reportaje especial publicado en Latin Business Chronicle, en febrero de 2002, señalaba que de acuerdo con el último Indice de Globalización que realizan A.T. Kerney y la revista estadounidense Foreign Policy, Panamá es el país más globalizado de América Latina. El Indice 2002 evaluó a 62 países en todo el mundo, que representan el 85% de la población mundial, y más del 90% de la producción económica. En el Indice Global, Panamá marcó en el 28 lugar entre los 62 países encuestados. “En América Latina fueron examinados ocho países”, añade la publicación. Además de Panamá lo fueron las siete principales economías de la región: Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela. “Panamá no solo superó a los otros siete países, sino a otras naciones (más desarrolladas) como Corea del Sur y Taiwan”, señalaba Latin Business. El Indice de Globalización mide 13 factores que indican el nivel de relación del respectivo país con otros. Estos factores incluyen comercio internacional, inversión extranjera directa (IED), portafolio de inversión, viajes internacionales y turismo, tráfico telefónico internacional, transferencias internacionales, embajadas en el país, participación en misiones del Consejo de Seguridad de la ONU, usuarios y servidores seguros de internet. En otra parte y momento, Guido Di Tella, ex ministro de Relaciones Exteriores argentino y reconocido analista de política internacional, señalaba que en los países del Cono Sur la transferencia del Canal de Panamá tuvo poca repercusión, a pesar de que se trató de un episodio de gran significado para la historia de las relaciones interamericanas.
¿Cómo explicar esta aparente incongruencia que revela un país entre la inserción y el aislamiento internacional, una sociedad con posibilidades de inserción positiva en los circuitos globales y, al mismo tiempo, crecientemente aislada de su entorno regional, qué decir del mundial?
Por un lado, la situación de nuestro país ejemplifica con claridad que entrar en los flujos mundiales no trae consigo, automáticamente, progreso y desarrollo, reconocimiento y respetabilidad en el campo internacional, porque, como ocurre en la mayor parte de los países subdesarrollados, la globalización es más un hecho que el resultado de una política consciente. (Restrepo, 1997). En efecto, el término globalización, si bien remite a un fenómeno extraordinariamente complejo que abarca, de manera diversa, campos muy disímiles de la actividad humana, lo cierto es que el uso del término se limita hoy con frecuencia a designar la profunda y constante transformación de la actividad económica mundial. Así, cuando se habla de globalización se alude a la organización de la producción y las finanzas en redes que escapan ampliamente al control normativo de los Estados y de sus organizaciones. Por tanto, lo que hace global a una actividad económica es su lógica, situada por encima de las regulaciones estatales y sensible a las oportunidades que le brindan distintos mercados, cualesquiera que ellos sean.
Por otro, hoy más que nunca hay un nexo poderoso entre globalización de la economía, medios de comunicación y política internacional. De ahí la crucial importancia de la imagen de una nación, de su población y de sus instituciones como acumulado previo a toda inversión posterior.
Todo ello obliga a revisar la política exterior de Panamá no solo en lo que tiene que ver con los temas y problemas de la agenda global, sino sobre todo en los propios presupuestos internos de nuestra política internacional: la manera como se elabora la política exterior, los instrumentos con los que cuenta y su relación con la legitimidad y gobernabilidad interna. Y es que, los alentadores datos proporcionados por el Latin Business Chronicle en torno a los niveles de globalización de Panamá, requieren un proyecto nacional que permita convertirlos en efectivas herramientas del desarrollo y cambio social. Y hoy, sin lugar a dudas, es clave para cualquier proyecto nacional construir una política exterior que le permita salvaguardar y promover sus intereses legítimos entre opciones diversas, en un esfuerzo conjunto, público y privado, político y académico, que permita una inserción positiva, exitosa, en los nuevos espacios ampliados.
La diplomacia es el motor de las relaciones internacionales, pero el ejercicio inteligente de la actividad diplomática supone claridad de objetivos en materia de política exterior. Para decirlo con Noam Chomsky: “No se trata de una necesidad natural. Es una cuestión de voluntad y elección. El pasado no puede arreglarse, pero por lo menos podemos enfrentar el presente. Podemos elegir mirarlo con honestidad, para aprender lecciones a partir de él, y utilizarlas para influir en el futuro”.


La autora es docente en la Universidad de Panamá

To read this post, you must purchase a Latin Trade Business Intelligence Subscription.
Scroll to top of page