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La Mañana de Cordoba, Argentina, July 23, 2006

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Para los inversores externos, el país sigue “en el infierno”

Argentina está en los puestos más bajos en los rankings globales, que sirven de referencia para las decisiones de inversión de las corporaciones multinacionales.

  • El ingreso de capitales externos en el primer trimestre fue de sólo 600 millones de dólares; por ahora, el ahorro interno sostiene el nivel de inversión.

    JAVIER MARIN - Especial para LA MAÑANA

    Semanas atrás, en España, el presidente Néstor Kirchner declaró que los argentinos “aún estamos saliendo del infierno”; lo hizo, claro está, con un sentido de la oportunidad inobjetable: antes que los empresarios españoles se le abalanzaran con su habitual agenda de reclamos. Estos, con no menor sentido práctico, han decidido que el país está recuperado de la crisis del 2001. Sin embargo, el mandatario argentino puede esgrimir que, para la comunidad internacional, y en aspectos centrales del funcionamiento económico e institucional, Argentina continúa en las tinieblas: cuatro de los principales indicadores internacionales que describen las condiciones para la inversión externa ubican al país en posiciones de retaguardia en la escala mundial.
    La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala la libertad económica, el clima de negocios, el nivel de globalización y el grado de transparencia (o, por el contrario, de corrupción), como indicadores básicos para reflejar el atractivo o la aversión que puede generar un país a los inversores del exterior. Argentina califica mal, en realidad, muy mal, en todas las mediciones. Es más, respecto a los años ‘90 empeoró su posición en todos los índices. Sin embargo, estos rankings encubren algunas aparentes paradojas: Venezuela y Argentina se encuentran entre los peor calificados en el mundo; pese a ello exhiben algunas de las mayores tasas de crecimiento económico. Más aún, China, un país que hasta Estados Unidos promueve como centro atractor de inversiones, también navega por el fondo de casi todas las tablas consideradas. Sin embargo, concentra cada vez mayor volumen y calidad de inversión extranjera.
    De poco consuelo puede servirle esto a la Argentina. Las últimas cifras que se conocen sobre la inversión directa en el país son bastante desalentadoras: en el primer trimestre el ingreso de capitales privados del exterior apenas superó los 600 millones de dólares. Durante todo 2005 Argentina concentró inversiones externas por 4.662 millones de dólares (Colombia atrajo inversiones por 10.192 millones y Chile por 7.208 millones). Estas cifras reflejan que el país dista de ser atractivo para los capitales extranjeros; no faltan quienes piensan que se trata de una cuestión irrelevante; no así los economistas, que casi de manera unánime señalan que el país necesita inversión del exterior si quiere mantener su ritmo de crecimiento; después, hay una variedad de matices sobre la forma y las reglas que esas inversiones deben acatar, hacia qué sectores se las debe dirigir y cuál es la tasa razonable de retorno que deben esperar. Pero lo cierto es que en el mundo de la economía casi nadie duda de que Argentina, con su nivel de ahorro interno (aún alto pero insuficiente) y su grado de desarrollo y autonomía tecnológica, difícilmente pueda mantener en el largo plazo el aumento de su PBI y el descenso en los niveles de desempleo y pobreza.
    La CEPAL, organismo dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA), que preside el ex ministro de Economía José Luis Machinea, sostiene en un reciente informe que “la presencia de un ambiente (de negocios) adecuado es un elemento crucial para la toma de decisiones en el ámbito privado”. Agrega que “las condiciones prevalecientes en América latina y el Caribe en materia de sistemas financieros, derechos de propiedad, impuestos, trabas burocráticas, códigos de comercio e intervención del Estado en la economía, entre otros factores, definen un concepto de competitividad que ubica a la región en posiciones bastante rezagadas con respecto a la de los países desarrollados y de la región de Asia y el Pacífico”. Dentro de este club de rezagados, Argentina se ubica entre los países del fondo de la tabla. Repasemos:
    Doing business (Haciendo negocios): es un índice que elabora el Banco Mundial, el cual evalúa el clima general de negocios de casi todos los países del mundo. Argentina se ubica en el puesto 77, lejos de vecinos como Chile y Uruguay. Pero en los rubros que peor califica es en el grado de libertad de contratación en el mercado laboral (puesto 132) y manejo de las licencias y derechos (puesto 103).
    Index of Economic Freedom (Indice de Libertad de Negocios): es un indicador que confecciona la Heritage Foundation. Se trata de una organización vinculada al Partido Republicano de Estados Unidos y es habitual proveedora de intelectuales orgánicos del conservadurismo. Su “index” es uno de los más consultados por los inversores internacionales. Allí Argentina aparece en un lejanísimo puesto 107, con un puntaje de 3,3 sobre y una economía considerada como “mayormente controlada”. Chile está en el Top 20 y Argentina supo llegar hasta el puesto 22 hacia 1996. La peor nota se la lleva la protección de los derechos de propiedad en el país. El último informe de la Heritage cita al diario británico The Economist: “Los tribunales argentinos son extremadamente lentos, ineficientes, reservados y corruptos”, ninguna novedad para quienes deben litigar a diario en el país y desde hace más de una década.
    También es malo el puntaje aplicado para las regulaciones y reglas de Argentina sobre inversión extranjera y flujos de capital: “son poco claras, se aplican de manera irregular y están sujetas a frecuentes modificaciones. Según el Departamento de Comercio de EE.UU., “la permanente incertidumbre legal con respecto a los derechos de los acreedores, los derechos contractuales y los derechos de propiedad, además de los cambios regulatorios frecuentes e imprevisibles, han reducido el atractivo de algunos sectores para los inversores extranjeros”.
    Indice de Corrupción: Lo elabora Transparency International, una ONG independiente de gran prestigio mundial. Habitualmente citada por el periodismo argentino durante los ’90 para graficar el escandaloso nivel de corrupción del gobierno de Carlos Menem, se desvaneció de la agenda de la mayoría de los medios desde 2003, a medida que el país seguía cayendo escalón tras escalón en la tabla, hasta posiciones de franco descenso. Argentina obtiene una nota de 3,8 sobre 10, un “aplazo” que la ubica en el puesto 97 sobre 158 países.
    Globalization Index: Se trata de un ranking elaborado por ATKearney, una consultora privada de Estados Unidos; evalúa variables tales como integración económica, infraestructura de telecomunicaciones, transferencias de divisas, usuarios, sitios y servers de Internet, compromisos internacionales (tratados, adhesión a organizaciones internacionales), etc. Argentina tuvo un desempeño razonable en 2004, ubicándose en el puesto 34 sobre 62 naciones relevadas. Pero en 2005 llegó la debacle: retrocedió 13 puestos, la mayor caída registrada entre todos los países que componen el índice. Colombia, Perú, Venezuela y Brasil, empero, están por detrás de Argentina.

    ¿Paradojas?

    Si los inversionistas toman decididamente en serio estos indicadores, resulta difícil explicar cómo China puede ser uno de los principales receptores de inversiones externas en el mundo y además contar con tan buena prensa internacional, aún a pesar de sus casi nulas libertades civiles. El país asiático se ubica en el puesto 111 en el Index de Libertad Económica, en el lugar 77 en el ranking de Transparency Internacional, en el puesto 91 en el ranking Doing Business del Banco Mundial y se posiciona en la 54ª ubiación en el ranking de globalización. Con algunos bemoles, es un desempeño bastante similar al de Argentina. Es claro entonces que las corporaciones también evalúan otros factores a la hora de tomar la decisión de expandir sus negocios. China es lo que es y lo que promete ser; acumula 25 años de crecimiento al nueve por ciento y lenta pero constantemente introduce reformas políticas y económicas progresistas. Pero además de las cuestiones cualitativas hay un factor cuantitativo: el enorme mercado potencial, aún con todos los riesgos que los empresarios deben asumir; por cada argentino hay 40 chinos. Similares consideraciones podrían hacerse sobre Rusia y los países bajo su influencia.
    No obstante, y a pesar de todo, siempre hay quienes están dispuestos a arriesgar algunas fichas en regiones turbulentas, sin reglas de juego estables o claras, sometidas a los caprichos de sus gobernantes, dictadores imprevisibles o presidentes electos que privilegian a su clientela política por sobre toda otra consideración. La condición es que esos países observen una economía robusta que permita hacer negocios más o menos riesgosos pero de alta rentabilidad, sin importar los sobornos que deban repartir. Ese parecería ser el nicho que le corresponde a Argentina.

    Otras opiniones

    Además de los indicadores citados anteriormente, existe un sinnúmero de cifras, datos, evaluaciones y calificaciones, realizados por consultoras privadas, públicas, universidades, organizaciones multilaterales y organismos de inteligencia. Sus capítulos dedicados a la economía argentina resaltan por dos cosas: la desactualización en la mayoría de los datos y una llamativa falta de análisis de la información que brindan.
    En Estados Unidos, uno de los indicadores que observan los empresarios cuando echan una ojeada al “patio trasero” latinoamericano es el Latin Business Index, elaborado por la editorial Latin Business Chronicle. En su último reporte de junio, ésta señala que “Argentina y Venezuela se han desempeñado sorprendentemente bien a pesar de las políticas hostiles contra la empresa privada. Esto se debe a que en ambos países hay un alto crecimiento del PBI per capita y han tenido un fuerte crecimiento económico en los últimos dos años y también se lo espera para este año. Esto ayudó a contrarrestar la alta inflación. Como consecuencia, Venezuela y Argentina están rankeados detrás de Chile y México, debido a su desempeño macroeconómico”. Agrega el informe: “En el caso de Argentina, el nivel tecnológico es alto; se ubica quinto entre los países latinoamericanos en esta categoría”.
    Pero mientras el Banco de Inversión Bearn Sterns advierte que el gasto público de Argentina crece descontroladamente y«las exportaciones suben a un tibio 6,35% anual», el análisis de otras prestigiosas organizaciones de servicios a las empresas, como Deloitte & Touche o Ernst & Young tienden a ofrecer un panorama neutral, con datos que, por sí solos, no pueden ser interpretados positivamente, a la luz del excelente desempeño macroeconómico del país, que por ahora esconde ciertos vicios ocultos en el modelo.

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