REPORTE DE INDUSTRIA – ENERGÍA: Seguridad Energética

Los países de Latinoamérica le pueden sacar provecho de un mercado energético más integrado. ¿Hora de olvidar nacionalismos?

Plataforma petrolera en Brasil • Foto: © istockphoto.com/CelsoDiniz

Los países de América Latina y el Caribe poseen unas de las reservas de petróleo y gas natural más grandes del mundo lo que se suma a su abundante oferta de energía de origen hidroeléctrico. De hecho, el continente tiene abundantes fuentes de energía, tanto convencionales como renovables; cerca de un tercio de las reservas mundiales probadas de petróleo se encuentran en las Américas, según reportes estadísticos de British Petroleum (BP). América Latina, por su parte, posee el 9,7 por ciento de dichas reservas mundiales y contribuye con el 13,8 por ciento de la producción mundial de petróleo, de acuerdo a los datos de BP.

Sin embargo, a pesar de la cooperación que existe entre algunos de los países de la región en materia energética, particularmente en interconexión en energía eléctrica, las relaciones entre ellos se han tornado cada día más ideologizadas por la creciente tensión entre sus regímenes políticos, afectando la posibilidad de desarrollar una mayor integración energética. Lo anterior se traduce en que las necesidades recíprocas de países productores e importadores, que podrían ser una fuerza para una mayor cooperación e integración regional, en la práctica se convierten en medidas de corte nacionalista que han llevado a la discordia y la inseguridad energética.

Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, la demanda de energía en América latina se incrementará en 75 por ciento hacia 2030, por lo que la capacidad de generación deberá crecer 145 por ciento en el mismo periodo, una meta que se cumpliría más fácilmente si se aunaran los esfuerzos de todos los jugadores regionales.

Este panorama es más complejo aún si se tiene en cuenta que la región es ineficiente en el uso de su energía: la demanda energética latinoamericana es muy alta con relación a su tasa de crecimiento económico. Por ejemplo, la industria europea consume la mitad de la energía necesaria en América Latina por unidad de producción de acuerdo a un reciente estudio del Woodrow Wilson International Center for Scholars.

La respuesta de la mayoría de los países de la región ha sido buscar su independencia energética, con excepción de los países del Caribe que son y seguirán siendo deficitarios netos en términos energéticos. No obstante, la independencia energética es una condición necesaria más no suficiente para lograr la seguridad energética. Así quedó demostrado en Japón tras el devastador tsunami de 2011 cuando el país asiático fue capaz de reemplazar rápidamente la energía nuclear perdida con gas importado. La seguridad energética es más fácil de conseguir perteneciendo a un sistema integrado que logrando la autosuficiencia a nivel nacional. Por ello, la cooperación energética es llamada a convertirse la hoja de ruta a seguir para los países de América Latina y el Caribe.

Brasil culpa a la lluvia

Marcio Zimmermann (D), secretario ejecutivo del ministerio de Minas y Energía de Brasil, y Mauricio Tolmasquim, presidente de la Empresa de Pesquisa Energética en una conferencia de prensa el 4 de febrero. • Foto: Ueslei Marcelino/Reuters/Newscom

El 4 de febrero un apagón alcanzó a 6 millones de personas en 11 de los 27 estados de Brasil, como resultado de un problema en las líneas de transmisión. Si bien la causa de la interrupción no estuvo muy clara, lo que al parecer no indica es que Brasil enfrente una grave crisis energética.

Aproximadamente el 70  por ciento de la energía brasileña proviene de fuentes hidroeléctricas. El país sufrió en 2014 las consecuencias del enero más seco en casi 60 años y la probabilidad de que haya suficiente lluvia el resto del año es pequeña. Los expertos predicen que los embalses podrían alcanzar niveles de racionamiento en 2015.

El gobierno brasileño tiene pocas opciones diferentes a la de pasar el aumento de los costos a los consumidores. La explosión de los presupuestos y la inminente rebaja en las calificaciones de crédito dificultará los subsidios continuos a los distribuidores, pero los racionamientos estarían fuera de las posibilidades políticas por lo pronto. Si se implantaran aumentarían la probabilidad de protestas sociales masivas justo en un año electoral y de la Copa Mundial. La presidenta Rousseff ciertamente entiende los peligros de esa medida. El programa de racionamiento de 2001 golpeó con fuerza al mercado de valores, causó incumplimientos masivos en el sector de servicios públicos y ayudó a llevar a su antecesor, en ese entonces en la oposición, a la presidencia.

Diplomacia energética

El gobierno de Barack Obama ha hecho de la política energética un pilar definitivo de su política latinoamericana. En la Cumbre de las Américas el año pasado, Estados Unidos anunció junto con Colombia la iniciativa “Conectando a las Américas 2022”, que tiene como objetivo garantizar el acceso universal a la electricidad a los habitantes de la región para el año 2022.

Los recursos energéticos han sido históricamente un punto importante de malestar social en la región. Lo fue entre los antepasados europeos y las poblaciones indígenas y ahora entre naciones latinoamericanas y Estados Unidos, en la forma de nacionalismos energéticos, como lo hacen Venezuela, Bolivia y Ecuador.

En contravía a esa tendencia, hoy hay varios proyectos regionales en marcha en la región: el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (Siepac), el Sistema de Interconexión Eléctrica Andina (Sinea) y el proyecto Garabí que serviría a Argentina y Brasil. Es cierto, todavía hay poca conexión entre los sistemas y relativamente pocas iniciativas que establezcan grandes políticas energéticas regionales, pero la diplomacia energética de Obama representa un medio para presionar a las naciones de la región a buscar un terreno común que podría abrir la puerta a una mayor influencia de Estados Unidos.

 

Álvaro Moreno informó desde Miami. David Seconi desde Bogotá.

 

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