‘Cara’ China y el poder blando en Argentina



8 enero 2014

Dos días antes del fin de 2013, con gran parte del mundo profesional occidental fuera de sus oficinas por las fiestas, apareció un artículo en el periódico argentino La Política confirmando el colapso de negociaciones entre el gobierno de Argentina y banqueros chinos para ayudar financiar $21.6 mil millones en proyectos hidroeléctricos para ser construidos en el Río Santa Cruz en Argentina.


El fracaso de las negociaciones es significante en sí, dado que es una de las primeras veces que se ha sido hecho público que China niega un pedido de un préstamo significante a un país nombrado por china como ‘socio estratégico’. Sin embargo, aún más importante, los acontecimientos en el camino hacia el fracaso de ahora da la pauta sobre como es el estilo Chino de mantener una relación con un país socio y ejercer su influencia es diferente del occidente.  La historia, que enlace diplomacia presidencial a negocios multibillonarios sobre productos manufacturados, aceite de soja, trenes y poder hidroeléctrico ilustra los detalles, contradicciones y complejidad de la interacción china con América Latina y el Caribe, y cómo los chinos están aprendiendo usar su característico ‘poder blando’ en la región.


Este artículo no es una historia sobre los chinos ‘portándose mal’ sino sobre cómo ellos gestionan una relación cuando no sienten que su socio ha sido fiel a sus compromisos.  La historia ilustra el uso de canales informales por los chinos y presiones indirectas, en vez de condiciones y exigencias públicas para lograr sus objetivos.  Muestra a los chinos llevando a cabo negocios y relaciones internacionales en una manera que, a la vez, busca ‘guardar cara’ ante su socio, mientras su ira es percibida en poderosas pero sutil maneras cuando ellos mismos pierdan la ‘cara’.


Finalmente, este artículo es un recordatorio de que la dinámica de la interacción China-Latinoamérica es una combinación de personas y relaciones humanas, y no sólo relaciones entre países y empresas. 


Se puede decir que la historia comenzó en 2010, con el gobierno de Cristina Fernández incrementó la aprobación de cada vez más medidas legales para proteger los negocios locales a través imponer medidas ‘anti-dumping’ contra productos chinos de bajo precio que estaban inundando el mercado argentino, mientras que ganaba cada vez más por exportaciones de aceite de soja y otros bienes agrícolas a la RPCh.


En abril de 2010, en una acción oficialmente no relacionada a las medidas contra productos chinos, la RPCh anunció que no iba a seguir aceptando soja argentina, dado a un inaceptable nivel de contaminación (previamente pasado por alto).[2]  La posible pérdida en ingresos por impuestos al gobierno argentino causado por la acción fue estimada en $600 millones por año.


El gobierno argentino intento convencer de varias maneras al gobierno chino para que continuaran aceptando envíos de aceite de soya, sin éxito, lo cual condujo a una visita apresurada a la China por parte de la presidenta argentina Fernández en julio, después de haber cancelado su última visita (la cual causó disgusto entre los chinos) solo seis meses antes.


En típico estilo chino, con sutileza y salvando la dignidad de ambos lados, en la agenda oficial de la visita no se mencionaron las diferencias en relación a los productos manufacturados en la china ni el aceite de soya argentino.  Desde la china, la Presidenta Fernández anuncio una nueva oportunidad enorme para empresas chinas, lo cual cambió la dirección y resolvió el impasse entre los dos países. Sin embargo esta fue muy cara para el gobierno argentino.  Argentina iba a hacer una inversión grande en la modernización de la infraestructura de ferrocarril, incluyendo la red principal del país que enlaza al país con sus vecinos: el sistema Belgrano-Cargas.  Los bancos chinos prestarían la mayor parte de los $10 mil millones requeridos para el nuevo trabajo, mientras que las empresas chinas recibirían la mayoría del trabajo de construcción y los contratos para los vagones y locomotores.


Tras bambalinas, se podría decir que el beneficiario de este acuerdo, aparte de los chinos, sería Franco Macri, quien tiene una larga historia de asociarse con los chinos en proyectos de inversión, desde la fabricación de productos electrónicos y una planta petroquímica en Tierra del Fuego, hasta una fábrica de autos que fue contemplada.  En un impresionante escenario de “ganar-ganar,” fue una de las empresas del Sr. Macri (se cree que fue con colaboración de socios chinos), que mantuvo la concesión para el sistema de ferrocarril Belgrano-Cargas, que se beneficiaría del proyecto de inversión masiva hecho por el gobierno de Argentina, mientras que los bancos chinos se beneficiarían del financiamiento y las empresas chinas se beneficiarían del trabajo de construcción y de las ventas de vagones y locomotores.


Parece que los chinos cumplieron con su parte del arreglo informal.  Aproximadamente un mes después de la visita de la Presidenta Fernández a la China, las autoridades chinas calladamente aceptaron de nuevo los envíos de aceite de soya.  Pero se puede argumentar que el gobierno de Argentina nunca cumplió con su lado del acuerdo, porque el proyecto Belgrano-Cargas se atrasó en el sistema político de Argentina.


Fue por este compromiso incumplido que el Primer Ministro Chino Wen Jiabao visito a Argentina en junio del 2012.  Graciosamente, sin mencionar la demora de dos años en implementar el proyecto, ni la informal toma y daca detrás de esto, el Primer Ministro Wen anunció públicamente un aumento en el tamaño del préstamo y la supuesta revitalización del compromiso del proyecto entre ambos lados.


Este compromiso tan público fue una inversión de prestigio significativa por el Primer Ministro Wen.  En este contexto, la acción tomada por el gobierno de Fernández contra el dueño de la concesión de Belgrano-Cargas, pocas semanas después de la visita del Primer Ministro Wen y su compromiso público al proyecto, se puede decir que causo vergüenza para los chinos, y para el Primer Ministro Wen personalmente. Para aumentar aún más al problema, las acusaciones de corrupción e impropiedades hechas por el gobierno en contra del consorcio del Sr. Macri en  relación al proyecto Belgrano-Cargas, fue un insulto a uno de los aliados chinos de mayor confianza en Argentina.


Sin embargo, las dificultades sobre Belgrano-Cargas no restringieron otras empresas chinas de perseguir sus propios proyectos en el país.  Durante el transcurso de 2013, la empresa china Sinohydro entro a licitación y salió como candidato principal, para dos enormes, pero muy atrasado proyectos hidroeléctricos por el Rio Santa Cruz: La hidroeléctrica Néstor Kirchner en Condor Cliff, y la hidroeléctrica Jorge Cepernic en La Barrancosa. Terminadas, estas hidroeléctricas proveerían 5,246 Giga watts de potencia eléctrica, representando un 4.7% capacidad eléctrica instalada en el país. Se entiende que, con otorgar el trabajo a Sinohydro, la mayoría del $21.6 mil millones del proyecto sería financiada por bancos chinos.


En una declaración hecha anteriormente al periódico La Política, Franco Macri ofrece claramente un relato en primera persona de autoridad que las negociaciones han fracasado, sin embargo, su explicación para el rechazo de China (que el gobierno argentino no había pasado los últimos $10000 millones, línea de crédito a disponible a ellos) , puede interpretarse de diversas maneras. El Sr. Macri tiene discutible amplio motivo para vincular los nuevos problemas del gobierno argentino de su maltrato pasado de sus propios intereses comerciales en Belgrano Cargas. En el lado chino, el proyecto puede o no ser en realidad anulado, los chinos pueden estar simplemente utilizando el actual momento crítico para presionar al gobierno argentino para avanzar y llevar más rápidamente todos los proyectos relacionados con empresas chinas. Por otro lado, los chinos también pueden haber tenido suficiente con el actual gobierno argentino, y puede que se alejen de compromiso con el régimen de Christina, Si bien de manera de ahorro.


Existe una interesante comparación entre el presente caso argentino, y el de Venezuela, donde la República Popular China inicialmente negó una solicitud de préstamo del gobierno socialista de ese país en su transición política impugnada. Siguiendo la consolidación del poder por el nuevo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, los chinos se negaron a ofrecer el nuevo gobierno un préstamo sin condiciones de $10 mil millones que se dice que el equipo de Nicolás Maduro habían pedido para ayudar con su creciente crisis de liquidez, pero se acordó dar $5 mil millones, estrechamente lazado a nuevos proyectos para empresas chinas.


Entre los casos de Argentina y Venezuela, se puede sacar dos lecciones: (1) la importancia de “cara” en todas las negociaciones chinas.  Un proclamación de alto perfil de ‘Si’ saliendo de una interacción oficial puede ser realmente un ‘No.”  Un ‘No,’ saliendo de tal interacción indica que los interacciones realmente han salido malas. (2) Los chinos están dispuestos a aceptar altos niveles de riesgo político y mal gestión en el uso de sus fondos, pero no están dispuesto a aceptar un maltrato o engaño por oficiales de niveles altos de los gobiernos a cuales están dando beneficios significativos de inversión, prestamos, e intercambio comercial.  Por este razón, el caso de Argentina  da una vislumbra interesante a posibles futuros latinoamericanos.  Argentina no es el primer estado en la región al aceptar dieces de miles de millones de dólares en préstamos e inversiones por los chinos mientras se alejara de instituciones occidentales.  Solo es el primer en hacerlo, mientras maltratar los chinos.  Es simplemente el primero en hacerlo, y también tratar a los chinos mal. Se aprenderá mucho de la repuesta china.


Dr. Ellis es Profesor Asistente con el Centro para Estudios Hemisféricos de Defensa William J. Perry en Washington DC.  Los opiniones expresado en este artículo no son necesariamente los del Centro Perry ni el gobierno de los EE.UU.


 


 


 

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